25 de Marzo de 2008 | Juan Freire
A pesar de que diversas evidencias apuntan a que la vida urbana es el modelo más sostenible, además de sus ventajas económicas, muchos entornos urbanos se están transformando de una forma rápida hacia modelos difusos basados en la ocupación extensiva del espacio. Paradójicamente, la política no está dando respuesta a esta cuestión, sea entendida como problema o como oportunidad. En España, como ya explicaba al analizar el caso de Galicia, la dinámica socioeconómica sucede a escalas que superan a las realidades políticas y administrativas. La realidad discurre a una escala metropolitana mientras la política sigue tratando de gobernar dentro de límites municipales. Las políticas locales suelen buscar más la competencia, cuando no el conflicto, entre municipios "fronterizos", cuando ciudadanos y empresas necesitarían colaboración que les facilitase su actividades cotidianas.
Pero incluso esta escala metropolitana puede estar siendo superada por la realidad. Tal como plantea Fabien Girardin, en su crónica de una conferencia de Manuel Castells sobre las implicaciones de las redes en la planificación urbana, el futuro urbano estará dominado por lo que se ha venido identificando como megaciudades. Pero éstas se estructuran en realidad como metropolis policéntricas (término acuñado en el libro Polycentric Metropolis por sus editores Peter Hall y Kathryn Pain), constituidas por clusters de pequeñas y grandes ciudades que, aunque se encuentren separadas físicamente, forman redes con una compleja división espacial de la actividad económica y el trabajo. Estas nuevas realidades urbanas carecen de instituciones políticas y administrativas y hasta de nombres más allá de las denominaciones que emplean los medios de comunicación; así nos encontramos con la Bay Area en San Francisco o la incipiente metrópolis Madrid-Zaragoza que aún no es reconocida como tal. El caso de Zaragoza es sumamente interesante dado que representa una tendencia que podremos reconocer en un futuro próximo en otras muchas pequeñas y medianas ciudades del centro de la Península Ibérica (situadas fuera del área de influencia "oficial" del área metropolitana madrileña). En opinión de Castells, Zaragoza se está integrando con Madrid y Barcelona pero, dado que esta última hace menos esfuerzos por la interconexión, posiblemente Zaragoza acabe por ser "absorbida" como un nodo de esa nueva realidad urbana centrada en Madrid.
¿Cómo gobernar estas nuevas realidades territoriales (representadas por las áreas metropolitanas y las metrópolis policéntricas?, ¿como hacer posible la eficiencia económica y la sostenibilidad social y ambiental como estos modelos extensivos en el espacio? Como comentábamos más arriba, las jurisdicciones políticas son cada vez más artificiales y tienen en la mayor parte de los casos escasa relación con la dinámica socioeconómica de los territorios. Pero al tiempo parece que son únicamente estas instituciones las únicas que pueden (y deberían) pensar y actuar a la escala territorial y proporcionar información para la toma de decisiones.
Las políticas públicas han pasado casi siempre por generar información propia para "sus" tomas de decisiones. Así, hasta el momento las empresas (y también los ciudadanos) carecían de datos y herramientas para tomar "decisiones territoriales" (aquellas que involucran un conocimiento de su entorno). Tomemos algunos ejemplos: dónde localizar una oficina (en función de la localización de clientes o proveedores o del domicilio de sus trabajadores o asociados) o dónde vivir en función de la distancia al trabajo, a los colegios de los hijos o a los lugares de ocio preferidos.
Crear nuevas instituciones adaptadas a la realidad territorial no parece un camino sencillo ni rápido. Por otra parte, es discutible que estas nuevas instituciones pudiesen gobernar un sistema cada vez más complejo e interconectado que no cuenta con límites definidos. Alternativamente, el nuevo papel de las instituciones podría pasar por la provisión de información pra la toma de decisiones, una alternativa más eficiente y mucho más sencilla (y por tanto viable). Solo la administración pública (al menos por el momento) cuenta con el acceso a los recursos necesarios para proporcionar una imagen coherente y completa del funcionamiento de los territorios. Pero que cuenten con el acceso no significa necesariamente, ni mucho menos, que estén cumpliendo con ese papel. Se necesitan dos cambios radicales:
1. tecnología: integrar fuentes de información dispersas en herramientas integradas, y
2. política: entender que su papel es empoderar a las empresas y ciudadanos y no necesariamente tomar decisiones por ellos.
es un blog de ADN.es escrito por:
Juan Freire
Científico, emprendedor, profesor universitario, blogger y explorador de la interacción entre el mundo urbano, las redes sociales y los espacios digitales. Más en http://nomada.blogs.com/.
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