18 de Enero de 2008 | Juan Freire
ALGUNAS CONCLUSIONES Y TENDENCIAS
Los 11 ránkings seleccionados no son más que una muestra de la popularidad creciente del ejercicio de medir la vitalidad, la sostenibilidad y la calidad de vida urbana. Pero esta muestra arroja una serie de tendencias y conclusiones interesantes que reflejan las oportunidades que genera la creación y uso de indicadores urbanos y los peligros del abuso de este tipo de herramientas sin un análisis crítico de su funcionamiento. Entre otras podríamos comentar las siguientes:
- Quizás, lo más relevante, y sorprendente, es que estos ránkings no han sido elaborados por universidades, gobiernos o think tanks (con unas pocas excepciones; en especial la del Creative Class Group que actúa con frecuencia como soporte científico de varios de los ránkings). Por el contrario, han sido diferentes medios de comunicación los que, solos o asesorados por especialistas, han desarrollado estos indicadores, lo que sería una señal de que lo urbano interesa a los lectores de esos medios. Pero además, refleja una tendencia de los medios a crear o utilizar bases de información estadística y a proporcionar a sus usuarios herramientas para el diagnóstico de sus propios espacios urbanos o para la elección de los mejores sitios para vivir.
- La disponibilidad de bases de datos públicas con grandes volúmenes de información permite realizar análisis sofisticados del funcionamiento de las ciudades. Paradójicamente, las administraciones, que deberían estar especialmente interesadas en este tipo de diagnósticos (tanto para guiar sus políticas como para comunicar la calidad de su oferta urbana), no se involucran en este tipo de análisis. Es más difícil conocer hasta qué punto las empresas realizan, aunque no los publiciten, análisis de este tipo que podrían serles muy útiles para guiar la personalización, basada en la localización geográfica, de sus ofertas de productos y servicios y la relación con sus usuarios.
- Existe una elevada diversidad de métodos y criterios así como de objetivos de los ránkings (desde las ciudades más verdes a aquellas más adecuadas para los jubilados) que puede provocar confusión inicial en el lector interesado. Pero lejos de ser esto un problema, podríamos considerarlo una oportunidad. Un único ránking nos dará una visión parcial (y posiblemente sesgada) de la realiad urbana, pero su análisis conjunto puede proporcionarnos una visión mucho más rica y diversa de las realidades urbanas. El reto se encuentra en que el usuario sea capaz de intrpretar esos ránkings y sacar sus propias conclusiones. Puede que esté ya llegando el momento de que se empiecen a construir agregadores de ránkings que integren información de varias fuentes y faciliten la interpretación al usuario.
- Muchos de estos ránkings muestran una preocupante tendencia a incluir siempre el mismo tipo de ciudades. En los ránkings mundiales bien aparecen casi exclusivamente las megalópolis o bien existe una sobre-representación de ciudades europeas. Los ránkings de ciudades norteamericanas son más diversos y varios de ellos sufren menos este sesgo de selección, dado que en algunos casos incluyen una gran batería de núcleos urbanos seleccionados por un criterio objetivo como es el tamaño de la población. Este sesgo de selección puede ser aún más grave en aquellos ránkings que se han realizado con criterios subjetivos y para los que no se explican los criterios de inclusión de ciudades o de estimación de su posición.
¿Cúal es el problema de este tipo de sesgos?, que las ciudades seleccionadas comparten una serie de características específicas que no son ni mucho menos gneralizables. Así, los problemas y oportunidades de las ciudades que cuentan con 5 o 10 millones de habitantes tienen poco que ver con los de ciudades de un millón o 500.000 habitantes. Del mismo modo, el modelo europeo tiene poco que ver con las agregaciones urbanas que nos encontramos en Asia o América, por ejemplo. Por tanto, es muy probable que las razones del éxito de muchas de estas ciudades preferidas por los autores de ránkings no sean trasladables a otras realidades urbanas. Por tanto, muchos no son ránkings verdaderamente globales. Esto debería preocuparnos cuando otras ciudades, o más concretamente sus gestores y políticos, tratan de emplear estos ránkings para definir sus propias estrategias urbanas o para evaluar su posición. Los riesgos de caer en el márketing fácil por parte de las ciudades bien situadas o en la copia rápida de las ciudades no incluidas o con malos resultados son evidentes.
Aun así este tipo de indicadores pueden ser útiles, pero siempre que se empleen para identificar las claves que generan dinámicas urbanas positivas. ¿De qué factores depende la vitalidad urbana, la capacidad de innovación o la calidad ambiental?, por ejemplo. Y siempre que este análisis se contextualice de modo que pueda ser adaptado a otras ciudades, donde las oportunidades y condicionantes pueden diferir.
es un blog de ADN.es escrito por:
Juan Freire
Científico, emprendedor, profesor universitario, blogger y explorador de la interacción entre el mundo urbano, las redes sociales y los espacios digitales. Más en http://nomada.blogs.com/.
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