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ADN.es / Opinión

Viernes, 20 de noviembre de 2009. Actualizado a las 21:43h | : el tiempo en

19 de Octubre de 2007 | Juan Freire

La fiebre del bicing

La fiebre de las bicicletas se ha desatado en toda Europa y, especialmente, en España. Los ayuntamientos de al menos 24 ciudades españolas han puesto en marcha recientemente un servicio de alquiler de bicicletas para el transporte urbano. ADN.es ha hecho un intenso seguimiento de este proceso (mapa), que se inició con el ya famoso Bicing de Barcelona (vídeo). Podríamos citar los ejemplos de Gijón-Bici (de donde procede la imagen) o Sevilla en Bici (imagen).

Estética y funcionalmente, todas las iniciativas son muy similares, demostrando que nuestras urbes se han incorporado definitivamente al modelo de ciudad genérica. Pero estos servicios son la parte más políticamente correcta y vendible de una solución aún pendiente a un problema más complejo.

 

Las bicicletas, obviamente, necesitan espacios para su circulación y su aparcamiento. Pueden usar los ya disponibles, viales o aceras, o pueden crearse otros destinados a ese fin, como los carriles bici o los aparcamientos. La primera opción es barata y rápida, no hay que hacer nada nuevo, pero suele ser poco eficaz dado que nuestras ciudades, muchas de ellas producto del crecimiento rápido de la segunda mitad del siglo XX, no han sido diseñadas para acoger a las bicicletas. La segunda opción es costosa y muchas veces conflictiva; además de que los responsables políticos duden de si la población va a responder positivamente a esta oferta de cambio. Así, es habitual optar por la primera opción dejando los proyectos de infraestructuras para mejor ocasión.

 

Además, cuando un ayuntamiento afronta la creación de un carril bici acaba demostrando si realmente comprende el problema y cuáles son sus verdaderas intenciones. Así, numerosas ciudades cuentan con carriles bici totalmente funcionales, pensados como soluciones para el transporte individual de los ciudadanos en sus actividades diarias (la página de Sevilla en Bici incluye información sobre carriles bici a nivel mundial). Pero muchas otras ciudades conciben los carriles bici como áreas de esparcimiento y práctica deportiva. No hay nada malo en ello, salvo que las dos funciones no suelen ser compatibles con una misma infraestructura. A Coruña es un buen ejemplo; por una parte presume de un extenso carril dedicado a las bicicletas, pero por otra es un sistema de transporte totalmente inútil para la vida cotidiana de sus vecinos al no circular por ninguno de los trayectos habituales que unen zonas residenciales, comerciales y de trabajo. Una buena señal del interés municipal es que en la página web del ayuntamiento sea imposible localizar información sobre el carril bici.

 

En Madrid, sin servicios de alquiler ni carriles bici, han empezado a instalar aparcamientos para bicicletas, siguiendo en parte la estela de las iniciativas de Barcelona (en el mapa se puede comprobar la densidad de puntos de alquiler de bicicletas). Pero, ¿son útiles los aparcamientos en una ciudad bastante hostil a la bicicleta y que no dispone de carriles específicos? Algo así deben de pensar en el estudio de arquitectura Ecosistema Urbano cuando se preguntan: … y si en Madrid hubiese un carril bici?. (“¿es necesario?, ¿qué implica?”). De hecho han elaborado una propuesta de carril bici para Madrid, BiciMad, que presentan estos días públicamente.

 

Pero también es posible morir de éxito. Ese parece el nuevo riesgo que corre Barcelona. Tanto el servicio Bicing como el uso de vehículos particulares ha desborado muchas espectativas generando nuevos conflictos urbanos. El ayuntamiento ha optado por la opción reguladora, en forma de una nueva ordenanza municipal sobre la circulación peatonal y en bicicleta (vídeo), que ha provocado nuevas protestas ciudadanas en una ciudad que siempre se ha carcaterizado por una importante participación vecinal. En otras ciudades españolas, por desgracia, estos problemas pasan totalmente desapercibidos en el debate público.

¿Por qué esta carrera por introducir la bicicleta en la ciudad? La respuesta oficial parece oscilar y combinar la preocupación ambiental, las sucesivas y recurrentes crisis energéticas y las molestias que provoca el tráfico rodado en la vida cotidiana. El tráfico de las ciudades es el nuevo enemigo a combatir. Pero, aunque es cierto que el transporte urbano es responsable de una buena parte de nuestro consumo energético y de las emisiones de gases, es aún más cierto que es el “enemigo fácil”. Aquel que se puede combatir directamente desde las administraciones locales y en el que se puede identificar a los propios ciudadanos como “responsables” directos del problema. Y, sobre todo, aquel en el que se puede demostrar un esfuerzo por su solución con un escaso coste. Ese parece el caso de las bicicletas en muchas ciudades españolas. Pero, viendo en conjunto las iniciativas existentes parece que pocas ciudades, con la excepción barcelonesa, han pensado estratégicamente en el uso de las bicicletas como una alternativareal, y no sólo estética, al tráfico.

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