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ADN.es / Opinión

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10 de Octubre de 2007 | Juan Freire

Estadios, iconos y operaciones urbanísticas

Las cuatro torres que se construyen en los terrenos de la antigua ciudad deportiva del Real Madrid.

Las cuatro torres que se construyen en los terrenos de la antigua ciudad deportiva del Real Madrid.

ADN.es

 

Comentábamos en un post reciente que la nueva rentabilidad de los viejos polígonos industriales suburbanos está en su reconversión inmobiliaria aprovechando el crecimiento de las ciudades. Pero este proceso no es patrimonio de la economía industrial de finales del siglo XX. Algo muy similar, aunque mucho más espectacular en sus números y su repercusión popular, está sucediendo con los estadios de fútbol y otras instalaciones de los grandes, y algunos pequeños, clubes españoles.

Los clubes de fútbol en España no sufrieron la crisis industrial de finales del siglo XX. Bien al contrario, sus derechos televisivos y la venta de su imagen de innumerables formas les ha permitido ingresar enormes sumas de dinero en los últimos años. Pero el fútbol ha sido, al tiempo, el paraíso de la "anti-gestión" empresarial. Sus presidentes y directivos no buscaban rentabilidad económica ni nadie pareció preocupado por este sinsentido. En ocasiones, ni tan siquiera tenían como objetivos prioritarios los éxitos deportivos. El fútbol ha sido plataforma de ascenso social y político, carta de presentación para otros negocios personales e, incluso, una forma de hacer negocios más o menos turbios aprovechándose de la escasa transparencia que rodea al mundo del fútbol y de la nula responsabilidad que se les ha exigido a los dirigentes. El resultado es bien conocido y no es necesario detallarlo aquí. Muchos clubes arruinados; algunos desaparecen pero la mayoría sobreviven gracias a inyecciones financieras de nuevos mecenas deseosos de su cuota de popularidad o de las administraciones públicas temerosas de una revuelta popular.

Pero la mayor parte de clubes cuentan con otro recurso de enorme valor: sus estadios y ciudades deportivas, situados en muchos casos en pleno corazón urbano, en barrios en que el metro cuadrado residencial alcanza precios astronómicos. Al contrario que en el caso de los polígonos industriales, estas instalaciones no generan demasiados efectos negativos (salvo algún atasco puntual) y originan una elevada actividad a su alrededor. Son un valor en sí mismos para las ciudades. ¿Cómo justificar su transformación residencial? Difícilmente ,y por eso en casi ningún caso se ha hecho, salvo con el argumento de salvar al "club de la ciudad".

La antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid es ahora mismo el solar donde crecen ahora las cuatro torres más altas de la ciudad. Mientras que este verano surgió una nueva polémica cuando se anunció la desaparición del estadio Vicente Calderón (la entrada en la Wikipedia resume la historia) del Atlético de Madrid. La historia se repite: el club empezará a jugar (y posiblemente a ser propietario) en un estadio de propiedad pública e infrautilizado, La Peineta, mientras que los beneficios de la recalificación del Vicente Calderón llenarán las arcas del club. A diferencia de los sucedido en otros casos, la afición del Atlético, famosa por su capacidad de sufrimiento, no recibe con alegría la buena noticia económica.

Pero estas historias no son patrimonio madrileño, lo mismo está sucediendo en Valencia o Zaragoza. Por supuesto en todos los casos el acuerdo público-privado incluye alguna contrapartida a la recalificación por la que el club invierte en la ciudad, por ejemplo construyendo nuevos equipamientos. Además se suelen presentar estas operaciones como oportunidades para la revitalización urbana. Pero los números no engañan y en todos los casos son los clubes los primeros revitalizados dado que la operación es muy ventajosa para ellos; mucho más cuando además no tienen que construir un nuevo estadio. María Granados, en su blog n+1, nos habla de esta nueva fiebre futbolera y recopila algunos de los proyectos de remodelación de estadios deportivos: Nou Camp (Barcelona), Son Moix (Mallorca), Mestalla (Valnecia), Pasarón (Pontevedra), San Mamés (Bilbao). Malos ejemplos para la ciudadanía que observa entre perpleja, por las cifras y el descaro, y relajada, por la salvación de su equipo, estas operaciones que esconden incapacidades de ambos lados. Clubes con mala gestión crónica que, de nuevo, son salvados por los subsidios públicos; políticos incapaces de oponerse a la demagogia de la identidad deportiva y a la presión de los poderosos directivos con los que tienen que negociar.

El caso del F.C Barcelona presenta un factor diferencial importante. Este club acaba de anunciar que su estadio, el Nou Camp, será remodelado según un espectacular proyecto de Foster + Partners. Pero, al contrario que en Madrid, Valencia o Zaragoza, el club catalán no busca una operación financiera (parece que no la necesita), "sólo" desea mejorar sus instalaciones y, sobre todo, crear un nuevo icono de la ciudad y del propio club. El "efecto Guggenheim" vivido en Bilbao sirvió de inspiración a muchas ciudades, con resultados cuando menos discutibles. Puede que ahora los estadios sustituyan a los museos de arte contemporáneo como iconos de modernidad y referencia turística. Al fin y al cabo puede que el fútbol sea una de las nuevas formas de cultura de este siglo, del mismo modo que la gastronomía se ha instalado en el mundo del arte. Además, siempre nos quedará esa famosa frase autojustificativa que tan bién define al "deporte nacional": "El fútbol es así".

 

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