Publicidad

ADN.es / Mundo

Lunes, 22 de marzo de 2010. Actualizado a las 11:08h | Madrid: 17º/9º el tiempo en Madrid

14 de Mayo de 2008 | Carlos Enrique Bayo

El mundo olvida a los huérfanos birmanos del ciclón

"Hace cuatro años, todos los ojos estaban fijos en ‘los niños del tsunami', acurrucados solos en las cunetas, separados de sus padres muertos o desaparecidos tras el catastrófico maremoto del Sureste Asiático".

"Pero en la aislada Birmania, todavía deben entrar en el punto de mira internacional los miles de niños que han quedado sin hogar o sin padres por el ciclón Nargis: ellos son los supervivientes más vulnerables a la deshidratación y las enfermedades".

Así comienza uno de los artículos de la reportera canadiense Olivia Ward, publicado en el diario Toronto Star. Y lo cierto es que la atención pública se ha trasladado de la castigada Myanmar a la devastación del terremoto en Sichuan mucho antes de que se haya conseguido hacer llegar ayuda a la mayoría de las víctimas del huracán birmano, que ha causado de momento unos 100.000 muertos. Hecatombe que, en un país de 48 millones de habitantes, es inmensamente más dramática que la tragedia sísmica en China, con una población superior a los 1.330 millones y donde se estima que unas 15.000 personas perdieron la vida.

No cabe la menor duda de que también hay que solidarizarse con los chinos y tratar de ayudarles todo lo posible. Pero la indignante realidad es que, mientras el Gobierno de Pekín despliega esfuerzos hercúleos por socorrer a los supervivientes y aplica una transparencia informativa sin precedentes en China, la junta militar que mantiene esclavizados a los birmanos está practicando con las víctimas del tifón una política genocida en total impunidad.

Con respecto a los niños, en Birmania, las estimaciones de UNICEF apuntan a que el ciclón ha destrozado las vidas de unos 600.000 menores, de los que una décima parte han perecido o están desaparecidos y el resto (más de medio millón de criaturas) se han quedado huérfanos y/o sin hogar. Esos pequeños se hacinan en campos de refugiados que el Ejército rige como si fueran campos de concentración y en su mayor parte se ven obligados a beber aguas putrefactas sobre las que flotan los cadáveres que no se han retirado todavía a causa de la cruel e inhumana gestión de la catástrofe por parte de la Junta militar.

Para proteger su implacable régimen, los generales birmanos se han negado a permitir la entrada en el país de los equipos de rescate, los suministros y los equipos imprescindibles para socorrer a los supervivientes y evitar el estallido de epidemias. El cierre de fronteras no sólo impide la entrada de periodistas y observadores que podrían informar sobre las flagrantes violaciones de los derechos humanos, sino que también deja las manos libres a los militares y las autoridades locales para apropiarse de los escasos cargamentos de productos básicos que han llegado por vía aérea.

Los alimentos y ropas procedentes de la ayuda internacional se están vendiendo en los mercados locales, mientras los refugiados de la catástrofe reciben restos de comida en mal estado, en vez de las galletas proteínicas enviadas por el World Food Program. Igualmente, el arroz que se reparte entre los supervivientes consiste en trozos rotos de color grisáceo, aparentemente con años de almacenaje y estropeado por el salitre, en vez de los sacos de grano nuevo donados por distintos países.

La población en grave riesgo de muerte por falta de alimentos, medicinas y agua potable se estima entre 1,5 y 2 millones de personas, pero como siempre los que más peligro corren son los niños. En un país empobrecido por el régimen tiránico que ha esquilmado sus escasos recursos, incluso antes del ciclón los pequeños birmanos padecían tasas de malnutrición de las más altas del mundo, de forma que carecen de las reservas que les permitan sobrevivir a esta situación extrema. La tasa de mortalidad infantil de Birmania es la cuarta más elevada del mundo y cada año mueren 150.000 niños antes de cumplir los 5 años, víctimas de enfermedades fácilmente prevenibles. Muchos de los que sobreviven son alistados por el régimen como niños-soldados a partir de los 10 años, o son utilizados en trabajos forzados para construir carreteras y vías férreas... o en los campos del arroz cuya exportación constituye una importante fuente de divisas para la Junta militar y que hoy niega a los damnificados por el ciclón.

Por todo ello -y mucho más que no cabe en este artículo-, las Naciones Unidas han lanzado una desesperada advertencia: si la Junta birmana sigue impidiendo la distribución de ayuda humanitaria, "Myanmar padecerá una segunda catástrofe". El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, ha alertado de que "si no entra más ayuda en el país muy rápidamente, nos enfrentaremos a un estallido de epidemias infecciosas que hará palidecer la crisis actual".

¿Permitirá el resto del mundo que los militares birmanos dejen morir a sus niños de tan espantosa manera?

cebayo@adn.es

+ 18 - 0

positive negative

18 votos

es un blog de ADN.es escrito por:

Publicidad
Pie de la tienda en adn

Promociones

  • /clipping/ADNIMA20100315_0649/1.jpg
  • Descarga cartilla + cupón aquí
  • Horoscopo
  • /clipping/ADNIMA20090109_2326/1.gif
  • Consulta también tu horóscopo diario y el horóscopo de los famosos.
  • Horoscopo