09 de Noviembre de 2009 | Marcos Reina
Lo reconozco. Durante muchos años Allen Iverson era mi debilidad. Me alucinaba ver que un jugador de 1,83 (con las zapatillas puestas) era capaz de ser el mejor entre esa auténtica selva de bestias que pueblan la NBA. Que era capaz de anotar 40 puntos o más en cinco partidos consecutivos en su año de 'rookie' o que había conseguido ser cuatro veces el máximo anotador de la Liga valiéndose de su calidad, manejo de balón, velocidad y mentalidad... pero también de su egoísmo.
Un egoísmo que le ha llevado a cumplir una brillantísima carrera en la NBA (tiene el cuarto mejor promedio de puntos por partido de la historia -con 27,1- sólo superado por Michael Jordan, Wild Chamberlain y LeBron James), pero que también le ha traído unos cuantos problemas. El egoísmo va impreso en el ADN de su juego, pero esa forma de entender el deporte también le ha traído éxitos, tanto individuales como colectivos. En 1992, en 'highschool', fue el único deportista de la historia en lograr un 'doblete': ser campeón de fútbol americano (como quarterback) y de baloncesto, siendo nombrado, además, mejor jugador del año en ambas disciplinas.

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En la NBA, en 2001 fue elegido MVP y llevó a los Philadelphia 76ers a las Finales (cayeron 4-1 ante los Lakers de Kobe y Shaq) estando rodeado de jugadores que no volvieron a hacer nada más destacable en toda su carrera: Eric Snow, George Lynch, Aaron McKie, Tyrone Hill, Jumaine Jones, Kevin Ollie... y sólo se salvarían de la quema Raja Bell y Dikembe Mutombo.
Allen Iverson es, para bien y para mal, un baloncestista egoísta. Y Memphis Grizzlies puede dar fe de ello.
El sábado, antes de que su equipo jugara en Los Ángeles frente a los Clippers, 'The Answer' dijo que se marchaba a su casa de Atlanta (donde vive cuando está de vacaciones) por motivos personales. La noche anterior, tras perder de nuevo ante los Lakers, el escolta soltó alguna 'perla' como la siguiente: "Odio perder más de lo que me gusta ganar. Nunca he sido un perdedor en mi carrera y no quiero empezar ahora. No intento ser egoísta, sólo quiero ganar". ¿De verdad Iverson no sabía que los Grizzlies son la franquicia perdedora por antonomasia de la NBA? Y todo menos de una semana después de debutar...
El jugador se ha dado cuenta a los tres partidos, tras promediar 12,3 puntos, 3,7 asistencias y 1,3 rebotes en 22 minutos. En todos ellos, empezando como sexto hombre, algo que tampoco le ha hecho ninguna gracia, pero que no es del todo nuevo en su carrera, ya que el año pasado, antes de poner punto final a la temporada con los Detroit Pistons por una misteriosa lesión, también disputó varios encuentros bajo este rol de suplente.
Total, que el jugador ha abandonado los Grizzlies de forma "indefinida". Pero nadie sabe a ciencia cierta los motivos reales de su marcha. Michael Heisley, propietario de la franquicia de Tennessee, ha asegurado al 'The Commercial Appeal', el diario con más tirada de Memphis, que: "Yo soy la persona que le ha dicho que podía marcharse. Tiene un problema familiar real y no creo que deba hablarse más del tema". Por otro lado, en EE UU ya se especula con la posible retirada del jugador, de 34 años.
Si al final se descubre, como todo el mundo apunta, que los motivos reales de su fuga son las derrotas y su papel de suplente, estaremos ante el posiblemente último arranque de egoísmo, para mal, del irreverente Allen Iverson. Y una triste despedida.
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