12 de Febrero de 2010 | Agustín Alcalá
Patrick Kennedy nunca aspiró a ser una copia de su padre, el senador Ed Kennedy, ni presumió de los altos vuelos de su tío, el presidente John F. Kennedy, o del compromiso por el servicio público de su otro tío, Bobby Kennedy.
Ha sido un congresista del estado de Rhode Island, donde vive muy pegadito a Massachusetts, que ha dedicado buena parte de sus 16 años en la Cámara de Representantes a defender los intereses de sus vecinos con la misma fuerza que todos los Kennedy lo han hecho en la política local y nacional durante generaciones.
La muerte de su padre el verano pasado fue el último golpe que recibió este congresista, de 42 años, que ha anunciado su retirada de la vida pública y que en noviembre próximo no estará en las papeletas para representar a Rhode Island en el Congreso por otros cuatro años más.
"Después de dos décadas como representante popular mi vida ha tomado un nuevo rumbo y no seré un candidato este año. Mirando al futuro seguiré peleando las mismas batallas en las que hemos estado juntos, especialmente, de la gente que sufre depresión, adicción, autismo y el síndrome de estrés postraumático", ha comentado al despedirse.
No es exagerado decir que la alargada sombra de sus antecesores en Washington, desde que su abuelo, Joseph Kennedy, llegó a la capital en los años cuarenta del siglo XX, ha marcado y trastornado a los miembros más jóvenes de la familia real de Estados Unidos.
Que se ha acostumbrado a ver en los últimos años a sus pimpollos en entierros, clínicas para dejar las drogas o el alcohol y en comparecencias para reconocer sus faltas tanto como en sus momentos más brillantes en el gobierno o en el Congreso.
"Trabaja más que nadie y evita que te vean más que a nadie", le aconsejó su padre al llegar a la capital norteamericana, con 27 años de edad, procedente de Rhode Island.
El congresista no ha explicado las razones de su marcha aunque están seguramente relacionadas con su adicción a los calmantes y también al alcohol en los últimos años que le han llevado a frecuentar varios centros de rehabilitación y a asumir su propio fracaso e imperfecciones sin tapujos.
La decisión de Kennedy deja al Capitolio de Estados Unidos sin un miembro de la familia política más famosa del país en más de sesenta años. Los Kennedy han estado en Washington como embajadores, senadores, congresistas, fiscales generales, candidatos a la Casa Blanca y presidentes desde 1947.
Y su influencia y liderazgo ha marcado para siempre la vida de esta nación tanto en los lujosos comedores de la Casa Blanca, como en los influyentes pasillos del Congreso o en las desnudas paredes de las clínicas mentales que Kennedy logró edificar en muchos lugares del estado al que representaba con el poder de su apellido.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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