22 de Enero de 2010
El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha dado una victoria a los tramposos, a los extremistas, a los lobbys y a los conservadores y ha sentenciado a Barack Obama y a los políticos con agallas.
Al cargarse de un plumazo casi 100 años de prohibiciones para que el dinero de las grandes empresas, las industrias y los grupos de presión no amenazaran a la democracia en Estados Unidos, el máximo tribunal ya ha proclamado un ganador en las elecciones al Congreso de noviembre próximo: el Partido Republicano.
Porque gracias a los jueces supremos estas elecciones serán las más sucias, tramposas y cargadas de anuncios y ataques personales contra los candidatos que se recuerdan. Y un horrible anticipo de lo que serán las presidenciales del 2012.
Llenas de anuncios televisivos y campañas repletas de mentiras, de acusaciones ficticias, de ataques personales y de patrañas que tienen como objetivo engañar al electorado y echar de sus puestos a aquellos políticos que no defiendan los intereses de las industrias del tabaco o de los bancos, las petroleras o las asociaciones de médicos o los sindicatos de trabajadores del automóvil.
La ley electoral permite a los norteamericanos aportar directamente sus donaciones a sus representantes populares y partidos favoritos con el objetivo de evitar la corrupción y la influencia del dinero privado procedente de los grandes negocios y grupos de interés.
Que ya burlaban la legislación descaradamente inyectando su capital indirectamente en las campañas de grupos ciudadanos, cámaras de comercio y movimientos populares que tanta influencia han tenido en los últimos años en el resultado de los comicios presidenciales como alega todavía John Kerry, el aspirante demócrata a la presidencia en el año 2004, que mantiene que perdió frente a George Bush porque unos supuestos compañeros de Vietnam pagados por los extremistas religiosos y los lobbys pusieron en duda sus credenciales militares.
El Tribunal Supremo ha decidido, utilizando su mayoría de cinco jueces conservadores frente a cuatro progresistas, que este tipo de ataques son legales porque las grandes corporaciones, los sindicatos (aunque tienen menos fondos para gastarse que las grandes empresas) y los lobistas tienen el mismo derecho a expresar su opinión y defender sus intereses con sus donaciones en metálico que los ciudadanos con sus votos.
De esta forma Goldman Sachs puede dedicar todo el dinero que quiera a derrotar a todos los senadores que apoyen las nuevas medidas e impuestos que busca Obama para reducir el riesgo en Wall Street y controlar los sueldos y las compensaciones anuales de los banqueros. O Chevron no tendrá problema alguno en amenazar a los congresistas que buscan limitar sus ganancias con nuevas tasas y decirles que "o estás conmigo o estás contra mí".
Y eso mete miedo en el cuerpo de los políticos, preocupación en la Casa Blanca y da mucho ánimos a los republicanos que suelen ser los que más amigos tienen en las grandes empresas. Porque nadie podrá controlar los millones de dólares que los lobistas y aquellos a los que representan se gasten en influir en los resultados de las elecciones y, finalmente, comprar la presidencia.
es un blog de ADN.es escrito por:
Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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