14 de Enero de 2010 | Agustín Alcalá
Estados Unidos prepara una invasión de Haití que demuestre al mundo que hay guerras que son necesarias, vitales, en las que no se necesita disparar un tiro y que no causan víctimas sino que las salvan.
Por tierra, mar y aire, Barack Obama ha comprometido la ayuda norteamericana a sus vecinos del sur y el país comienza a movilizarse como uno solo. Poco importa que esta nación esté involucrada en dos guerras, de esas que si cuestan vidas y se desconoce el objetivo final, y que la crisis económica haya arruinado a tantas personas que tienen poco que dar y regalar.
Hoy Estados Unidos ha convertido a Haití en el 51 estado de la Unión y es muy posible que lo siga siendo por mucho tiempo porque la destrucción es tanta que se necesitarán muchos años para que esta nación vuelve a recuperarse. Aunque sea hasta las difíciles condiciones que vivía antes del terremoto.
El Pentágono y la Oficina Federal de Ayuda Internacional ya se han movilizado, las iglesias han convocado a sus fieles para que, además de orar, abran sus bolsillos, y las organizaciones caritativas, de cooperación, las agrupaciones humanitarias, los estados, el Congreso y las asociaciones de vecinos y colegios han iniciado la recaudación de dinero, material y ayuda de primera necesidad.
La Guardia Costera ha atravesado los casi 1000 kilómetros que separan a Miami de Puerto Príncipe para llegar con sus primeros C-130, unos inmensos aviones de transporte que han aterrizado con equipos de transmisiones para poner en pie el dañado aeropuerto capitalino y establecer las comunicaciones telefónicas necesarias para coordinar la ayuda internacional y permitir que los cientos de miles de haitianos-norteamericanos que viven aquí puedan comunicarse con sus seres queridos que han sobrevivido la catástrofe.
El Pentágono ha movilizado al portaaviones Vincent, desde Virginia, que llegará hoy a Haití , a unos 2000 Marines de una fuerza expedicionaria de despliegue rápido y a más de 3000 de soldados de la 82 División Aerotransportada, muchos de ellos veteranos de Afganistán y de Irak, que en esta ocasión están encantados de ir a luchar contra la destrucción, la desolación y la pobreza.
Desde Miami ha salido ya para la nación caribeña un hospital naval que llegará antes del fin de semana con varios quirófanos en los que tratar a las personas que se encuentran más graves. Los equipos de bomberos llegan desde California, Nueva York, varias ciudades de Florida y Washington.
Y la base de Guantánamo, lugar de tanta vergüenza y deshonor, ya ha recibido enfermos procedentes de Haití, mayoritariamente personal diplomático estadounidense malherido y algunos de los 1000 norteamericanos que se encontraban en Puerto Príncipe.
La secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha suspendido su viaje a Asia y ha cancelado su visita a Australia y Nueva Zelanda para ponerse a la cabeza de la coordinación de la ayuda civil estadounidense.
Esta nación, que sobrevivió a su 11/9 con tanta ayuda que recibió del exterior debe hacer todo lo posible para que Haití supere el suyo por mucho que el coste sea inmenso y la tarea monumental.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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