07 de Enero de 2010 | Agustín Alcalá
Los tiburones huelen la sangre de sus presas y atacan sin piedad cuando están más desprotegidas e indefensas. Y en política no hay, en la mayoría de las ocasiones, piedad con el contrario y cuando su debilidad se palpa en el ambiente... es hora de ir a por la yugular.
Tal animal estrategia está en la mente de los dirigentes del Partido Republicano en el Congreso que han encontrado una grieta en la coraza de Barack Obama y desean hacer del 2010 en el año en el que la estrella del presidente se apague.
El anuncio repentino de dos senadores demócratas, uno del estado de Connecticut y otro de Dakota del Norte, de abandonar el Senado y dejar la política obliga a Obama a actuar de forma inmediata y a toda prisa para aprobar algunas de sus reformas vitales de su programa electoral.
Este año habrá elecciones en noviembre para cambiar todo el Congreso y parte del Senado y los demócratas deberán hacer esfuerzos extraordinarios para mantener el control del Capitolio y garantizar que la agenda de cambios de Obama sigue su marcha.
El afromaericano, que parecía intocable hace un año, debe estar preguntándose qué ha sucedido en este país que tanto le amaba y que ahora da la espalda a los políticos liberales que están tan cerca de él.
Para ganar el control de la Cámara de Representantes, los republicanos deben obtener unos 40 escaños en noviembre, y en el Senado ganar 11.
Inmenso Everet que será difícil de obtener aunque ya preparan a sus montañeros para alcanzar esta cima y convertir la supuesta debilidad presidencial en materia de terrorismo, los fracasos en la guerra en Afganistán y los cambios sanitarios en sus puntos prioritarios de campaña.
Por ahora, la mayoría de 60 votos necesaria para aprobar definitivamente la reforma sanitaria está segura pero el control demócrata del Senado se debilita y tiene los días contados. Y como depende de un estrecho margen de dos senadores cualquier suceso, una enfermedad que impida un voto, un enfado por dame esto para mi estado, o el anuncio de más retiradas, dará a la oposición republicana muchas esperanzas de boicotear las iniciativas que llegan de la Casa Blanca.
Si logra salvar, finalmente, la reforma sanitaria será todo un éxito.
Pero Obama tendrá muchos problemas para consensuar un compromiso del Senado y cumplir lo que el presidente prometió en la reciente cumbre de medio ambiente de Copenhague; y el dinero que necesita para transferir a los 190 presos que hay en Guantánamo a una cárcel norteamericana será muy complicado de obtener; y los cambios en el sistema bancario para dar mayor poder y control al gobierno en las operaciones de Bolsa y en los negocios de los bancos deberán ser aparcados.
El tiempo de actuar es este porque si deja que llegue el verano cada congresista y senador que se juegue el pan de su familia estará más preocupado de salvar sus trastos y su sueldo que de apoyar al presidente.
Y eso dificultará, sobre manera, la aprobación de las leyes y facilitará la labor de los conservadores de torpedear desde el Capitolio a la Casa Blanca.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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