05 de Enero de 2010 | Agustín Alcalá
A los norteamericanos les gusta que sus presidentes sean la viva imagen de John Wayne, cortés y educado con las damas y duro y sin piedad con los indios. Desde hace años en este Viejo Oeste los indios hablan en árabe y son terroristas, el retrato que domina la imagen en estos tiempos del enemigo del Séptimo de Caballería.
Barack Obama no ha tenido esa imagen de sheriff y de vaquero alto, fuerte, jinete diestro y certero con el Colt en momento alguno en su carrera política. Porque a él lo que le gustaba más es ser James Stewart, ese otro justiciero que ante todo ofrecía la estampa de un hombre suave, débil en ocasiones y siempre dispuesto a salir del pueblo antes de que llegaran los malos y tuviera que matarlos, uno a uno, con su rifle Winchester.
Las preguntas que corren por Washington ahora son ¿qué imagen dará al país el presidente en la guerra contra el terrorismo una vez que esta nación ha estado a punto de ser malherida de nuevo por Al Qaeda?, ¿Será John Wayne o James Stewart?
La respuesta es importante porque el 2010 es año electoral y el Partido Republicano sacará sus pistolas para disparar directamente al blanco: un presidente y un Partido Demócrata que son cobardes, que tienen miedo a proteger a la nación y que dan más derechos a los terroristas que a los ciudadanos.
El eslogan de campaña para que los conservadores recuperen en noviembre el control del Congreso ya está escrito: "Para Obama los terroristas son criminales".
Los criminales tienen derechos constitucionales ante los tribunales norteamericanos, deben ser juzgados siguiendo pautas, tiempos y protocolos. Mientras que los terroristas no tienen derecho alguno, se deben asar al sol de Guantánamo el resto de sus días y no acceder jamás a las garantías legales que tendrán una vez que sean juzgados en territorio estadounidense.
Y si es posible que salgan del saloon con los pies por delante.
La Casa Blanca asegura que este retrato de un presidente débil y miedoso con los enemigos de Estados Unidos es injusto, imparcial, interesado, miope y una gran mentira.
Este fin de semana, el Magazine del diario The New York Times revela que desde el primer día Obama ha tenido que luchar contra amenazas reales contra su vida y que el terrorismo siempre ha estado en su mente.
El diario neoyorquino relata como la ceremonia de toma de posesión en Washington del 20 de enero pasado estuvo rodeada de una amenaza de un posible atentado cometido por un grupo de somalíes que querían entrar en Estados Unidos desde la frontera con Canadá y colocar bombas, en el momento del juramento del presidente, para matar a cientos de personas en la explanada del Capitolio.
"¿Qué hará el Servicio Secreto, sacar al presidente corriendo en medio de la ceremonia, delante de los norteamericanos?", preguntó Hillary Clinton en una reunión en la que se debatía las medidas de seguridad en caso de que los somalíes explotaran sus bombas.
Una amenaza que resultó finalmente falsa. Como la imagen que sus enemigos quieren hacer de él de que Obama es un James Stewart y no un John Wayne.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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