03 de Noviembre de 2009 | Agustín Alcalá
La política es local, dice el dogma más viejo de cualquier noche electoral en Estados Unidos. Aunque hoy, rara excepción, habrá muchos norteamericanos que acudan a las urnas pensando más en Barack Obama que en los candidatos de casa a los que darán su apoyo.
El presidente no está en la papeleta en el 23 distrito del estado de Nueva York, donde está en juego un puesto para el Congreso, o en Nueva Jersey y Virginia, estados donde se elige gobernador. Y, sin embargo, el Washington oficial está muy pendiente de los resultados en estos tres estados porque servirán para medir la popularidad del presidente y pueden resucitar al moribundo Partido Republicano.
Un 3-0 en su contra en estos tres lugares será visto como un voto de castigo contra Obama y, sobre todo, su reforma sanitaria que tanto busca y que se ha convertido en el Satanás para los conservadores que la repudian.
Las encuestas anticipan que la noche para Obama será de cuchillos y muy larga porque en Virginia, Nueva York y Nueva Jersey los candidatos demócratas están en problemas y el partido del presidente puede terminar perdiendo en los tres estados.
Virginia es un estado conservador donde el presidente venció en las elecciones generales y donde la Casa Blanca admite ya tristemente que el candidato republicano, Bob McDonnell, saldrá ganador.
En el 23 distrito del norte de Nueva York los vencedores serán los más conservadores porque han logrado que la candidata republicana, que apoya el aborto y el matrimonio gay, se retire y convierta los comicios por un puesto para el Congreso nacional en una cosa de dos: un demócrata y un independiente muy de derechas.
En Nueva Jersey, el gobernador Jon Corzine, antiguo magnate de Wall Street y un liberal-liberal, se ha metido en problemas porque para luchar contra la crisis económica ha subido los impuestos para no despedir a funcionarios públicos y reducir los servicios estatales. Y como con los impuestos hemos tocado, esta noche puede acabar en el paro.
Si Obama pierde 0-3 es muy posible que los republicanos ya comiencen a elegir el color de las cortinas de las oficinas de la mayoría en el Congreso y de la Casa Blanca.
Porque a un año de las elecciones del 2010 que renovarán por completo la Cámara de Representantes y una tercera parte del Senado los conservadores se creerán que pueden retomar el control del Capitolio y comiencen a mover la alfombra del Despacho Oval al presidente.
Poco importa que el partido carezca de líderes y oferta sea sólo la de obstruir cualquier propuesta de Obama. Lo importante es recuperar el poder en un extremo de la Avenida Pennsylvania primero y luego tomar en las presidenciales del 2012 el control en el otro.
Y tampoco les preocupa que ni en Virginia, Nueva Jersey y Nueva York los republicanos se queden en casa y no voten. Porque sus esperanzas están puestas en los independientes a los que han inundado con sus mensajes de que Obama y aquellos que le apoyan son gastadores, amantes de los impuestos, del gobierno todopoderoso y promotores de unos Estados Unidos débiles en el mundo.
Si ese mensaje cala entre los independientes, Obama perderá por mucho más que un 0-3.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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