04 de Mayo de 2009 | Agustín Alcalá
Hillary Clinton pasa el tiempo cuando está en sus casas de Washington y de Chappaqua, a las afueras de Nueva York, preparando las maletas calientes para meterse en un nuevo avión y demostrar que se ha tomado muy en serio su trabajo como azafata de la Administración de Barack Obama.
En los poco más de 100 días que lleva como secretaria de Estado ha viajado a 22 países y ha acumulado ya 118.000 kilómetros en sus viajes alrededor del globo. Con la misión de propagar la nueva política exterior de Estados Unidos y de trabajar incansablemente a favor del hombre al que durante mucho tiempo trató de derrotar y ante el que, finalmente, sucumbió.
¡Cómo pasa el tiempo! Hace un año ambos estaban envueltos en un pulso que se convirtió en muy personal sobre las cualidades de cada uno para ser presidente. Hillary se quejaba de que los 20 millones de votos que había recibido en las primarias demócratas le daban el derecho a resistir hasta que quisiera y Obama le acusaba de tener un ego inmenso y de no saber contar porque él había obtenido 21 millones de votos y había ganado.
Pelillos a la mar porque ahora parecen bien amigos. "Llego con saludos de Barack Obama", suele ser la frase que utiliza la secretaria de Estado para dar la bienvenida a las multitudes que la reciben en cualquier país. "Hillary es un regalo", responde el presidente cuando habla de esta viajera que se ha entregado en cuerpo y alma a propagar las ideas de su jefe por el mundo.
"Me gusta mucho este trabajo aunque sea duro. Porque heredamos tantos problemas que hay que entregarse plenamente", dice la antigua senadora que vive rodeada de documentos y papeles y que en los últimos 100 días no ha sido capaz de ir al cine o leer un libro.
Problemas no le faltan porque Irán y Corea del Norte siguen desarrollando su programa nuclear; Cuba no responde a sus gestos diplomáticos; el número de soldados muertos en Irak ha aumentado, junto también con los atentados; en Afganistán los talibán llevan la iniciativa; y hay mucho temor de que Pakistán colapse y alguna de sus bombas nucleares caiga en poder de la insurgencia e, incluso, de Al Qaeda.
Hillary ha aprovechado la cercanía y el acceso que le ha concedido el presidente para desplazar a James Jones, el consejero de seguridad nacional, que a pesar de los cerca de dos metros que mide parece empequeñecido y no sale en la foto.
Y disfruta de la decisión de Bill Clinton de quitarse del medio, de no hacerla sombra y no abrir la boca. Lo que ha hecho milagros para la imagen de Hillary que en este momento goza de la mayor popularidad entre los norteamericanos que ha tenido en toda su vida política.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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