04 de Marzo de 2010 | Agustín Alcalá
Andan los neoyorquinos divididos estos días en un debate sobre qué pecado es mayor: la prostitución o silenciar a una mujer para que no denuncie los golpes recibidos por un varón. Ahora que en Estados Unidos son las mujeres las que dan de comer a gran número de sus maridos, muchos políticos no han aprendido y las tratan como ciudadanos de segunda categoría ideales para disfrutar de ellas o taparlas las bocas cuando molestan.
Los dos últimos gobernadores del estado de Nueva York han visto terminada su carrera política por las mujeres. ¡Siempre ellas, culpables de todo y malditos obstáculos que se cruzan en el camino de los grandes hombres!
Porque el problema no son las decisiones, políticas y personales, que ellos toman sino las mujeres que no parecen entender que un varón tiene el derecho de tratarlas como quiera. Ya sea en la cama o en el despacho.
Se cumplen ahora dos años desde que Eliot Spitzer tuvo que abandonar el cargo de gobernador porque se descubrió que los viajes oficiales que realizaba a Washington y otros lugares incluían citas con jóvenes despampanantes con las que además de hablar de secretillos políticos disfrutaba en distintas posiciones amatorias.
Este adonis neoyorquino, que un día pensó incluso en ser ministro de Justicia, no las enamoraba por su gracia, su ingenio o su belleza corporal (es bastante triste, feo como un demonio y delgado como un fideo) sino pagando buenos fajos de dólares por los servicios recibidos.
"Tengo que lidiar con mis demonios personales", comentó al despedirse en una rueda de prensa delante de su sombría esposa que, inexplicablemente, le ha dejado dormir en casa todo este tiempo y no le ha dado con la puerta de su apartamento de la Quinta Avenida en las narices.
Podría pensarse que los pecadillos sexuales de un político no deberían costarle el cargo y que los norteamericanos son unos catetos y unos falsos a la hora de quitarse la ropa interior. Es cierto. Pero lo que no se puede permitir es que haya un doble rasero: los corredores de Wall Street son unos delincuentes cuando manipulan el valor de las acciones de un banco y el gobernador es un santo que sólo es culpable de buscar el placer sexual en otra cama porque su mujer no se lo da en la suya (la prostitución es todavía un delito en la mayoría de Estados Unidos).
David Paterson sustituyó a Spitzer y fue aclamado como un ejemplo más del sueño americano porque es afroamericano y ciego y más limpio que la patena.
Eso era lo que se creía porque ahora se pide su dimisión al entrometerse como un zoquete y un matón en los problemas de violencia doméstica de su principal consejero político.
El gobernador de Nueva York presionó a la novia de su asesor para que no se presentara a declarar después de recibir una paliza y que la acogotaran contra un armario con muy malas intenciones.
Paterson utilizó al jefe de la policía estatal de Nueva York, a varias de sus asesoras y a otros funcionarios para "aconsejar" a la golpeada que sería mejor que se olvidara del asunto. Y ella decidió que por su bien no iba a presentar cargos.
Ahora la Asociación Nacional de Mujeres, perversas ellas, no se conforman con que el gobernador haya decidido que no se presenta a la reelección, sino quieren que se marche inmediatamente y renuncie a su cargo.
¡Qué pensarán estas pobres mujeres! Paterson no es Spitzer porque no necesita a una dama para creerse un hombre en la cama. Ha hecho algo peor porque ha amenazado a una mujer para que acepte que un tipo tiene el derecho de romperle la cara y quedarse tan fresco e impune.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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