20 de Febrero de 2010 | Agustín Alcalá
Ni Elin Woods, ni los aficionados al golf, los periodistas y los patrocinadores deben creerse en su totalidad las palabras del jugador número 1 del mundo de que está arrepentido y quiere cambiar. Porque quien debe creerse más que nadie lo que ha dicho es el propio Tiger Woods.
Que ha decidido presentarse como el 'antitigre' y ofrecer una imagen que hasta ahora no le pertenecía. La de un hombre sincero y humilde, abrumado por sus errores, dispuesto a cambiar y deseoso de que le crean.
Hasta el viernes, el mejor golfista del planeta ha sido todo lo contrario y es por eso muchos dicen que su admisión de culpabilidad y de los errores cometidos es, como su rueda de prensa, falsa.
Antes que él otros deportistas, políticos y famosos han pronunciado la palabra que menos vale en el vocabulario inglés: 'sorry'. Y, como con los otros, Woods quiere ahora que el público olvide y perdone.
En el país de las segundas oportunidades se la merece y es posible que sus palabras de arrepentimiento sean sinceras. Sólo el tiempo lo dirá y su conducta a partir de ahora vale más que sus promesas de cambio y de una vida diferente.
Tiger ha construido su imagen ante el público a base de amenazas a los medios informativos que se atrevieran a poner en duda el mundo perfecto e imaginario que quería enseñar al exterior. Sólo hacía favores presionado por el dinero y los patrocinadores y su comportamiento en los campos de golf, donde saltaba como un felino sobre su rival para aniquilarlo, era el mismo cuando metía los palos en la bolsa y dejaba atrás a sus apasionados admiradores. Sin piedad con nadie y sin mirar hacia atrás.
Ahora promete cambiar y ser completamente diferente y aspira a que con sus palabras en las que admite su culpa cierre este vergonzoso capítulo de su vida. Ya ha insinuado que no dará más explicaciones protegiéndose en la excusa, tan usada por los famosos y poderosos, de que su privacidad es sacrosanta.
Y realmente lo es. Pero cuando se quiere dar la imagen al mundo de la perfección sublime y luego se descubre que es todo una fachada y una máscara los medios informativos y la gente que le mantenían en lo más alto del pedestal tienen el derecho de hacerle muchas preguntas.
Woods no sabe cuándo volverá a los campos y quizás deje correr todavía unos meses hasta que resuelva sus problemas matrimoniales y convenza a su esposa sueca que las, al menos, 14 mujeres con las que la engañó son tan inferiores que no pueden compararse con ella.
O es posible que decida regresar en unas semanas en el Masters, el torneo en el que ha logrado tanta fama y donde estará protegido por la organización.
Pero ni el Masters, ni el British Open ni el campeonato de la PGA estadounidenses son sus mayores retos. El más gigantesco es convencerse él mismo de que dice la verdad.
es un blog de ADN.es escrito por:
Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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