25 de Enero de 2010 | Agustín Alcalá
Barack Obama ha decidido poner pan y jamón en la mesa de la generación sandwich, que se pregunta qué ha fallado del sueño americano y qué ha hecho para enfrentarse con tantas dificultades al doble reto de mandar a sus hijos a la universidad y ocuparse de los padres ya mayores que cada vez necesitan más ayuda.
Aquí hay cada vez más gente que no se cree eso de que los 40 son los mejores años de sus vidas, en los que se logran la mayoría de los objetivos laborales y personales. Y se han dado cuenta de que la vida ha pasado demasiado rápido y que han cumplido la mitad de las cosas que pensaban ya habrían hecho a esta edad.
Y están muy enfadados porque el cambio que ofrecía el presidente se ha plasmado en bien poco, se han percatado que los retos que quedan por delante son inmensos y el enterrar la cabeza en la almohada no ayuda nada.
Obama quiere demostrar que "he gets it", que se entera de lo mal que lo están pasando millones de norteamericanos. Y que aunque él es un feliz y contento cuarentón, millones de sus compatriotas de su misma edad no son tan afortunados y la crisis está siendo especialmente dura con ellos.
Son los que ponen por delante el recibo mensual de la hipoteca a sus ideas sobre el aborto; los que están más preocupados de cómo abonar la matricula de la universidad de sus hijos antes que de las consecuencias espirituales de utilizar dinero público para la investigación de las células madre; y los que quieren alimentar antes de nada a sus familias y prestan poca atención a que la televisión estadounidense esté cargada de sexo o de violencia.
A ellos les ofrecerá en su discurso sobre el Estado de la Unión del miércoles aumentar las deducciones por el pago de la guardería de sus niños, y dinero más barato y con menores intereses para mandar a sus hijos a la universidad, y beneficios fiscales para los empresarios que inviertan en informatizar sus negocios.
Y les recordará que la reforma sanitaria no es sólo un deseo personal que le garantice un párrafo en los libros de historia cuando se repase su presidencia. Es una necesidad y obligación económica que reducirá los gastos en sanidad, los precios de los seguros y los costes que reciben de los médicos y hospitales.
Obama no tiene nada personal en contra de los banqueros ni contra los ricos de Wall Street. Pero si le fastidia que el dinero que el año pasado les entregó para bajar los tipos de las hipotecas y garantizar la salvación de las finanzas personales de mucha gente haya sido destinado, finalmente, a las cuentas corrientes de los ejecutivos de la Bolsa o de los bancos.
Argumentos y retórica con los que piensa saciar el hambre de soluciones que tiene la generación sandwich.
es un blog de ADN.es escrito por:
Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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