30 de Diciembre de 2009 | Agustín Alcalá
Para ser jugador de baloncesto hay que tener pies rápidos, una mente eléctrica y ser el primero que llega al gimnasio todos los días y el que pone el candado de cierre. Y Barack Obama, que se dice amante de la canasta, no parece haber aprendido las lecciones en la pista y sigue en Honolulu de vacaciones cuando millones de sus compatriotas se amontonan en los aeropuertos en largas colas para pasar los controles de seguridad y se les retuerce la vejiga porque no pueden ir al baño durante los minutos finales de sus vuelos.
El presidente ha tardado tres días en reaccionar al último ataque que ha sufrido su país y, sin embargo, cuando el hijo de un amigo que está con él en su casa de Hawai donde descansa con su familia se hizo daño el lunes por la tarde en un accidente en la playa, corrió desesperado a asistir al muchacho sin perder un minuto.
Obama ha dicho muchas veces que la familia es lo primero y en cada oportunidad no duda en demostrarlo. Incluso ahora cuando debería ya haber regresado a Washington y encabezar la revisión que él mismo ha ordenado de las medidas de seguridad y protección para evitar nuevos ataques terroristas.
El de Detroit del día de Navidad no terminó en una catástrofe porque el autor del atentado era inexperto, hizo las cosas mal y la fortuna se alió con sus compañeros de viaje.
Y el presidente jugando al golf y disfrutando de los guisos de su cocinero personal en su villa hawaiana de cinco habitaciones. Y en el aeropuerto de Miami colas de dos horas para pasar los controles de seguridad. Y en los vuelos desde Toronto a Detroit todo el mundo sin poder moverse del avión, sin películas, mantas y con el acceso al lavabo limitado.
En este caso y en otros anteriores ha demostrado que su liderazgo tiene pies de barro, le cuesta reaccionar y no es tan trabajador como sus acólitos le quieren retratar.
Primero se ocultó detrás de "funcionarios de la Administración" para comentar que creía que el intento de derribar el avión era un atentado terrorista; luego envió a su secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, a decir que todo había salido bien; y sólo dio la cara cuando la ira de los estadounidenses y la perplejidad iban en aumento ante las estúpidas medidas para evitar posibles ataques en la última hora de trayecto de los aviones que sobrevuelan Estados Unidos.
Y él desde Hawaii en su papel de "calmador de las aguas", de "tranquilizador en jefe" y de "controlador sublime de la situación", y en el resto del país sus compatriotas preguntándose qué hace que no despide inmediatamente a la gente que permitió que el torpe terrorista entrara en el avión rumbo a Estados Unidos con un visado legal y sin levantar sospechas.
En muchas cosas, Obama actúa como un nuevo rico y ante los malos tiempos de otros demuestra que él es el más feliz y pudiente de los humanos. Y que necesita mucho descanso porque está cansado.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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