28 de Diciembre de 2009 | Agustín Alcalá
La teoría de los vasos comunicantes cuando se trata del terrorismo y de Estados Unidos no funciona y el frustado atentado del avión de Detroit ha demostrado que sigue habiendo grandes lagunas que hacen vulnerable a esta nación.
Dice un amigo mío que trabaja en una división antiterrorista federal norteamericana que el frenar un atentado cuando el terrorista quiere morir y convertirse en una víctima de sus acciones es casi imposible. Debe haber mucha suerte para detectar los preparativos, que los autores cometan muchos errores y que los encargados de vigilar y proteger a los ciudadanos estén muy atentos porque, en pocas ocasiones, hay una segunda oportunidad.
Los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono fueron posibles porque la CIA y el FBI, en los primeros meses del gobierno de George Bush, se dedicaron más a pelearse que a hablar entre ellos, a defender sus territorios, a ocultar sus fuentes y sus secretos y a entrar en una lucha fraticida por mantener y adquirir más poder e influencia en el organigrama de poder de Washington.
La teoría de los vasos comunicantes marcó la reforma de los servicios secretos estadounidenses y la guerra contra el terrorismo, y fue la que promovió la creación del Departamento de Seguridad Nacional que engloba a más de un centenar de agencias federales encargadas de la protección, a toda costa, de la nación.
El día de Navidad se demostró que a pesar de los cientos de millones de dólares gastados, de las claras violaciones de los derechos civiles y las libertades personales cometidas en los últimos años y de los poderes adicionales otorgados a la policía, los servicios de espionaje, los jueces y los funcionarios del gobierno, el abecederario de oficinas, agencias, departamentos, leyes, normas y regulaciones establecidas para luchar contra el terrorismo no es perfecto.
O como reclaman algunos que todavía piden más restricciones... no es suficiente.
Umar Farouk Abdulmutallab, el joven nigeriano acusado de intentar destruir el avión de la compañía Northwest, tenía un visado válida legal desde el año 2008, que le permitía entrar en Estados Unidos sin problemas. A pesar de que desde hace un mes había sido incluido en otra relación de personas con posibles conexiones terroristas.
A ningún funcionario del FBI, la CIA, el departamento de Seguridad Nacional y de tantas otras agencias policiales se le ocurrió comparar los dos listas y descubrir que este hombre levantaba sospechas como terrorista y, al mismo tiempo, tenía un visado que le autorizaba a entrar en el país cuando quisiera.
Lo que obliga a Barack Obama a reaccionar inmediatamente y demostrar cuanto antes, incluso en bañador y en camisa corta desde su retiro vacacional de Hawaii, que no permitirá que el agua caiga por un día más de los vasos comunicantes y aquellos que han dejado el grifo abierto paguen las consecuencias.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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