20 de Noviembre de 2009 | Agustín Alcalá
Una de las razones de que la política exterior estadounidense no ha obtenido éxito alguno en el 2009 es que la gran mayoría de las embajadas de Washington por el mundo están ocupadas por embajadores que han llegado al puesto gracias a su amistad con Barack Obama y a que tienen el dinero suficiente para comprar el cargo.
Pero carecen de experiencia diplomática, muchos no hablan el idioma del país donde están y no conocen a sus anfitriones y sus costumbres.
Aunque ha habido un cambio de discurso, de actitudes, de formas y de caras, la realidad es que ni Obama ni Hillary Clinton pueden colgarse muchas medallas. Ni en Oriente Medio, ni en Irán, ni en las negociaciones sobre el calentamiento global, Corea del Norte, Cuba, la lucha contra la droga, Afganistán, la inestabilidad política en Irak, Rusia y sus amenazas contra sus vecinos, Pakistán y los terroristas de Al Qaeda.
Obama ha decepcionado a los diplomáticos de carrera del Servicio Exterior de Estados Unidos porque ha cometido los mismos pecados que sus antecesores y ha dado los puestos más importantes en las embajadas norteamericanas a amigos y contribuyentes a sus campañas políticas.
Importa mucho que se tenga "el oído del presidente" y que se ponga al teléfono cada vez que se llame al Despacho Oval. Sin embargo, un embajador no se hace de un día para otro gracias a los muchos informes, libros y análisis que lee o porque en su juventud pasó un año en Madrid, París o Londres estudiando.
De los 80 embajadores que ya han salido rumbo a sus destinos o que se encuentran todavía a la espera de ser aprobados por el Senado, el 56% son "políticos" y el 44% de "carrera". O lo que es lo mismo, amigos unos y desconocidos los otros.
Según la web Político.com, Alan Solomont está en Madrid porque logró medio millón de dólares para la campaña presidencial del afroamericano. En París está Charles Rivkin después de aportar 800.000 dólares entre él, su esposa, amigos y familiares. Louis Susman disfruta todos los días a las cinco de la tarde de su té en Londres porque entregó al presidente otros 500.000 dólares. En Suiza, Don Beyer podría haberse comprado los mejores relojes del mundo con los 745.000 dólares que obtuvo para Obama que le regaló la embajada en Berna.
Trinidad y Tobago no parece una de las embajadas más importantes de Estados Unidos en el mundo y, sin embargo, es una de las más deseadas porque asegura el mínimo esfuerzo, ningún problema, las mejores playas del Caribe, sol todo el año y estar en territorio norteamericano en un par de horas.
Beatrice Wilkinson Welters no ha estudiado diplomacia ni se la conocía afición por el mundo de las relaciones internacionales, pero ha sido nominada como embajadora en Trinidad y Tobago al contribuir ella y su marido con hasta medio millón de dólares para la campaña electoral del presidente, y luego pagaron otros 100.000 dólares para la investidura.
Otro destino muy buscado es Nassau, en Bahamas, donde los mayores problemas los producen los estadounidenses borrachos que llegan en los cruceros y donde Nicole Avant vivirá después de entregar a su amigo Barack 800.000 dólares de ella y de sus familiares y socios.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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