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Martes, 14 de febrero de 2012. Actualizado a las 09:43h | : el tiempo en

28 de Octubre de 2009 | Agustín Alcalá

El pecado original de Obama

El mayor pecado original que cometen los presidentes de Estados Unidos es mezclar el dinero con el acceso, los favores con las contribuciones y los amigos llenos de dólares con la cercanía al Despacho Oval.

Y Barack Obama no es muy diferente a John F. Kennedy, Ronald Reagan, Bill Clinton y George Bush y todos los presidentes antes que él que, excusándose en su obligación y necesidad de ingresar dinero para sus campañas o para los partidos políticos a los que representan, han dejado que el dinero entre por la puerta grande de la Casa Blanca.

Lo hizo JFK cuando invitaba a sus amigos que donaban dinero para sus campañas a la piscina de la mansión presidencial para compartir una copa, tomarse una hamburguesa con queso y participar en conversaciones con el presidente y con sus jóvenes amigas de Washington. Ronald Reagan fue más discreto en las compañías femeninas pero igual de magnánimo con sus amigos californianos, a los que regaló embajadas y vendió a alto precio paseos a caballo junto a él por su rancho californiano.

Bill Clinton tenía menos dinero y por eso decidió que lo mejor era abrir la Habitación Lincoln que había en la Casa Blanca para que sus contribuyentes pudieran decir que habían dormitado en tan famosa cama. George Bush era más privado con sus camas y no quería ver a sus invitados en pijama correteando por su cocina, y por eso prefería invitarlos a Camp David para matarlos pedaleando en su bicicleta de montaña, o a su rancho de Crawford, en Tejas, para que le ayudaran, con hacha en mano, a cortar madera.

Obama se comprometió cuando todavía era un donnadie a limpiar las "embarradas aguas de Washington" y nada más llegar al Despacho Oval aprobó por decreto una serie de medidas que recortan el acceso de los grupos de presión a la presidencia y su personal.

Que claramente ha permitido que se incumplan, porque el actual presidente ha cometido el pecado original habitual de sus antecesores y a cambio de dinero hay muchos de sus contribuyentes que han entrado en la Casa Blanca como Pedro por su casa.

Según el diario The Washington Times, ha habido simpatizantes al Partido Demócrata que han podido visitar el Despacho Oval como regalo de cumpleaños; otros han disfrutado, junto a su familia, de la bolera a la que sólo tiene acceso el presidente y su personal más cercano; algunos han visto películas en el cine de la mansión presidencial; y muchos cenan y beben con los Obama con motivo de las fiestas patrias.

Todo ello a cambio de firmar cheques personales de 30.400 dólares o de lograr que entre ellos y sus amigos y familiares aporten a las arcas demócratas 300.000 dólares en contribuciones.

"Estas aportaciones no te garantizan una entrada a la Casa Blanca ni tampoco son una razón para no entrar", explica Dan Pfeiffer, uno de los portavoces presidenciales.

Pero mandan una señal muy mala cuando se quiere vender al mundo que eres el presidente más limpio de la historia. Especialmente porque cuando la gente firma estos cheques no suele conformarse con una foto de él, su esposa y los niños con la Primera Familia, y los dólares suelen acompañarse siempre de la expresión: "Por cierto, tengo otra cosa de la que quería hablarle...".

 

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