26 de Octubre de 2009 | Agustín Alcalá
Las presiones que genera el cargo de presidente de Estados Unidos hacen que los hombres que se sientan en el Despacho Oval deban demostrar al mundo que son más machos que nadie.
Cuando hay que mandar a los soldados a la guerra, responder a crisis económicas que tantos desempleados dejan por el camino, negociar con Irán o perseguir a terroristas no es bueno aparentar debilidad o permitir que nadie cuestione la hombría del habitante del 1600 de Pennsylvania Avenue.
Y por eso George Bush padre se lanzó de aviones en paracaídas con muchos más años de los aconsejados para dedicarse a deportes de alto riesgo; Bill Clinton amenazó a un periodista que llamó a su esposa una "mentirosa empedernida" con partirle la nariz; George Bush hijo calzaba botas vaqueras y las ponía sobre la mesa; y Barack Obama juega al baloncesto con los boys.
Cada vez parece más claro que en esta Casa Blanca son los boys (los chicos) los que mandan sobre las girls (las chicas), y el presidente que creció sin un padre, se inspiró en su madre y eligió a una mujer fuerte y poderosa para ser su compañera de viaje se siente más cómodo en compañía de ellos antes que de ellas.
Sus expresiones también lo demuestran y por eso eligió un "perro revoltoso" antes que un "perrito faldero", se junta con sus amigotes asesores cuando termina la jornada para hablar de fútbol americano, baloncesto o béisbol con una cerveza al lado y juega al golf los domingos sólo con hombres, aunque este fin de semana ha invitado a una mujer para esquivar las críticas de que unas cosas son las promesas y otras los hechos.
Porque Obama ganó las elecciones enamorando a las votantes estadounidenses que le veían como un hombre que no las iba a engañar y abandonar, como han hecho otros presidentes una vez que sus votos ya no eran necesarios.
Y ahora hay muchas de esas seguidoras se sienten decepcionadas porque dentro y fuera de la oficina parece confíar más en los boys que en las girls, a pesar de que el presidente dice que ha nombrado a la primera mujer hispana para el Tribunal Supremo, que escucha los consejos de Hillary Clinton y que algunas de sus asesoras más influyentes se llaman Michelle, Anita, Valerie o Melody.
La testosterona reina y circula por la Casa Blanca y hay algunas de las mujeres que trabajan en ella que se sienten incómodas y hablan, sin revelar su nombre para no enfurecer al jefe, de que se palpa un ambiente de machismo, de colegio mayor universitario y de bar con docenas de pantallas de televisión conectadas a la cadena de televisión deportiva ESPN.
Es la hermandad de los pantalones que deja poco espacio a las faldas y las considera una indumentaria bonita para mirar pero demasiado corta para tomar decisiones importantes.
es un blog de ADN.es escrito por:
Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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