28 de Mayo de 2009 | Agustín Alcalá
La victoria del Barcelona en Roma no sólo representa el triunfo del mejor fútbol que se ha visto en el mundo en el último año sino también es el éxito del bien contra el mal: porque en el estadio olímpico de la capital italiana AIG salió derrotada frente a la Unicef.
Ganó el club que no recibe dinero alguno por llevar en su pecho el emblema de la organización de la ONU que defiende a los niños y perdió el equipo que paga a sus estrellas con los dólares de la mayor aseguradora del mundo, que ha dejado a tanta gente al borde de la pobreza. Esa que reparte bonos millonarios cuando vive gracias al dinero de todos los contribuyentes o la misma en la que su último presidente se marcha porque dice que el salario de un dólar que recibe actualmente es una limosna por las muchas horas que dedica a la compañía.
El impacto del año del triplete del Barcelona se mide no sólo en las pantallas de televisión o en los diarios que le dedican elogios y beneplácitos como hoy hacen el prestigioso The Wall Street Journal o el tan respetado The New York Times. Lo más importante es que su uniforme, con el nombre de Messi o Iniesta o incluso de Ronaldinho, se luce en los colegios norteamericanos o engalana a los niños neoyorquinos que juegan al fútbol en Central Park.
Una batalla que ha perdido claramente el Real, como se conoce aquí al Real Madrid. En este momento muy poquitos en Estados Unidos con conocimiento de fútbol-soccer conocen cuál es la alineación del conjunto de Concha Espina... y en cambio los estudiantes norteamericanos imitan los pases de Xavi o los regates de Iniesta.
Esa es la gran victoria de Unicef contra AIG o contra cualquier firma que coloque el Real Madrid en su pecho en este momento. El Barca se ha ganado el cariño de los aficionados estadounidenses por su gran juego y en estos tiempos de información inmediata, del mundo en los dedos de las manos de los chicos y chicas de 14 años que ya tienen su Iphone o su Blackberry y del today y no del yesterday nadie recuerda las Copas de Europa que ha ganado el Madrid o los títulos conquistados por el Manchester United.
Pensándolo bien, toda la atención que generó el partido fue exagerada e inmerecida porque en Roma se enfrentaron Unicef y AIG y el resultado estaba decantado de antemano. Porque el bien siempre derrota al mal.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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