27 de Mayo de 2009 | Agustín Alcalá
Una nueva muestra de lo perdido que está el Partido Republicano en estos momentos fue la sorpresa que ha causado entre sus líderes la selección de Sonia Sotomayor como candidata a ocupar una plaza en el Tribunal Supremo de Estados Unidos.
El día más importante para un nominado al máximo tribunal norteamericano es el "rolling day", el momento en el que aparece al lado del presidente en la Casa Blanca para anunciar su nombre y presentar sus cualificaciones. Y la jueza Sotomayor dejó a todo el mundo impresionado y boquiabierto por su preparación, sus palabras y su historia.
Ningún líder conservador en el Congreso anticipó que Barack Obama la iba a seleccionar a pesar de que su nombre aparecía en todas las quinielas y que había muchas posibilidades de que la candidata fuera mujer e hispana.
Ante la falta de preparación de los políticos, los que tomaron la palabra fueron los representantes de los grupos antiaborto y religiosos y los comentarios de radio y televisión que son conocidos por su extremismo y el ruido que provocan. Rush Limbaugh la ha llamado, desde su programa de radio, "racista de ida y vuelta" porque ella mantiene que su historia, el lugar donde nació y la lengua que habla también pesan a la hora de tomar decisiones cuando se pone la toga y le dan una ventaja frente a un juez blanco que nunca ha pisado los lugares donde ella nació.
Otros conservadores la han acusado de tener una agenda política, ser una activista que defenderá el aborto, el matrimonio gay y aumentará los derechos de las minorías y reducirá las de los blancos cuando quieran acceder a la universidad, a los trabajos y al gobierno.
Sólo falta que Dick Cheney hable de ella y es posible que lo haga muy pronto ante el vacío que hay en su partido en este momento.
La jueza Sotomayor se ha convertido en el orgullo de los 45 millones de hispanos que en las elecciones presidenciales se decantaron 2 contra 1 a favor de Obama y que ya han advertido a los republicanos de que tengan mucho cuidado en la forma que tratan a su hija predilecta durante los dos próximos meses, en los que será una de las personas más populares de Estados Unidos.
No sólo los latinos piden precaución a los conservadores sino que las mujeres también desean que la traten como una señora. Su elección como la tercera mujer en la historia en ocupar un asiento en el Tribunal Supremo parece garantizada y sólo ella, con un fallo garrafal, puede evitarlo.
Y cuando en octubre comience a ejercer ratificará que a la cara de Estados Unidos le han metido últimamente mucho botox y ya no es blanca y de ojos azules. Es tostada como Obama y habla inglés y español perfectamente como Sotomayor.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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