26 de Mayo de 2009 | Agustín Alcalá
La efectividad de las amenazas de Barack Obama y de la comunidad internacional en contra de las pruebas nucleares de Corea del Norte y de su renovada carrera armamentista dependerá de hasta dónde quieren Rusia y China acompañar al presidente de Estados Unidos.
¿Estarán dispuestos Moscú y Pekín a aprobar una nueva resolución en las Naciones Unidas con más duras sanciones económicas o diplomáticas? Históricamente, rusos y chinos han permitido que el Consejo de Seguridad amenazara a Corea del Norte pero cuando había que atizarle realmente se han echado para atrás temorosos de las repercusiones directas sobre la población civil que en tiempos de hambruna ha debido comerse hasta las cortezas de los árboles para subsistir.
Queda por ver si Obama puede ahora, con su diplomacia del encanto, convencer a Rusia y China que esta vez hay que decir basta definitivamente.
La política de contención de Estados Unidos hacia Corea del Norte se ha basado en la máxima del "carrot and the stick", el palo y la zanahoria. Bill Clinton intentó convencer a Pyonyang de que abandonara su carrera armamentista ofreciendo comida y combustible y George Bush resolvió pronto que la única medicina que valía era la de las sanciones, colocar al país al borde del abismo y colapso con sus castigos y convencer a sus líderes militares de que debían cambiar apoderándose de sus posesiones en el extranjero.
En el año 2006, asustado por el primer ensayo nuclear norcoreano, que los expertos militares y nucleares estadounidenses concluyeron fue un fracaso, Bush decididió cambiar de estrategia y volvió a la zanahoria con más alimentos, petróleo y ayuda para desmantelar sus plantas nucleares y con la salida de Corea del Norte de la lista de naciones que apoyan el terrorismo internacional.
Obama debe decidir si renuncia a este cambalache y tiene nuevas soluciones e iniciativas porque lo que no puede hacer es quedarse parado ya que el mundo le vigila para medir su fortaleza. China y Rusia esperarán para saber de qué está hecho el presidente e Irán no quiere perderse un detalle de la forma de actuar del afroamericano.
También debe valorar la eficacia de más sanciones y de una oposición y respuesta de la comunidad internacional más duras dentro de Corea del Norte donde parece, según los expertos en ese país, que ha comenzado una batalla para sustituir al líder supremo Kim Jong Il, aquejado de varias embolias y que no tiene heredero familiar directo.
En momentos de inestabilidad e incertidumbre internas, el mensaje que quiere enviar este reclusivo país es de fortaleza y poder de puertas a fuera, y de que acepta el jaque mate de Estados Unidos y los otros miembros del consejo de seguridad de la ONU: contra más sanciones... más chulería.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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