22 de Mayo de 2009 | Agustín Alcalá
El enfrentamiento entre el hombre más popular y el político con peor imagen de Estados Unidos sirvió para conocer cuál es el país que cada uno quiere, la imagen que quieren vender al mundo y la importancia de los valores que dieron origen a esta nación y que ahora se olvidan porque el enemigo es musulmán, habla una lengua que no se entiende, lleva barba y entre sus ropas esconde una bomba de fabricación casera.
Barack Obama no quería pronunciar el discurso de ayer para defender su decisión de terminar con la tortura y cerrar Guantánamo. Pero sus colegas del Partido Demócrata en el Congreso le obligaron a ello porque quieren cubrirse el trasero ante lo que ven como una jugada maestra de Dick Cheney.
Que ha comenzado una campaña para culpar al presidente y a sus partidarios en caso de que haya un nuevo atentado contra Estados Unidos. Y por eso Obama advirtió que "Al Qaeda sigue activamente preparando nuevas acciones contra nosotros".
El presidente afirmó que ni Gitmo ni la tortura han servido para nada sino que "ponen en peligro la ley, quebrantan nuestros valores, nos hacen un flaco favor ante el mundo, son una herramienta de reclutamiento para terroristas, aumentan la voluntad de nuestros enemigos para pelear contra nosotros y reducen la disposición de otros para trabajar con nuestro país".
"Algunos dicen que he cambiado", apuntó Cheney, antes de lanzar sus ataques dialécticos contra todo aquel que ha criticado su papel como el Torquemada de la política norteamericana durante los últimos ocho años. "Pero se ven las cosas muy distintas cuando se presencia un ataque coordinado contra todos nosotros desde un búnquer de la Casa Blanca".
En sus palabras de respuesta a Obama se le olvidó decir que durante el verano del año 2000, la CIA y el FBI advirtieron repetidamente que Al Qaeda preparaba atentados contra Estados Unidos e incluso hubo un agente federal que alertó que sospechaba que terroristas infiltrados en escuelas de vuelo querían atacar edificios utilizando aviones como bombas.
Pero estas advertencias no las quiso escuchar el siempre vigilante Cheney porque estaba más preocupado, junto con su amigo Donald Rumsfeld, de convencer al novato presidente George Bush de que Irak era un peligro inminente, real y gigante.
"Sigo siendo un partidario convencido de las técnicas de interrogación mejoradas que fueron utilizadas contra terroristas recalcitrantes cuando otros métodos habían fracasado. Fueron legales, esenciales, justificadas, un éxito y la forma correcta de actuar. Nuestros hombres de los servicios secretos que interrogaron a estos terroristas deben estar muy orgullosos de lo obtuvieron porque salvaron la vida a miles de personas, quizás a cientos de miles de personas".
Se olvida de que el terrorista Abu Zubaydah fue sometido al waterboarding, al ahogamiento fingido en el que el único que no sabe que va a morir ahogado es el preso, 83 veces y nada de lo que contó sirvió para mucho. Porque durante la semana en la que había sido interrogado sin violencia había ya contado todo lo que escondía.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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