16 de Abril de 2009 | Agustín Alcalá
"Perdóname, vecino, porque entiendo tu enfado". Barack Obama visita hoy México y lo mejor que puede hacer para desarmar a Felipe Calderón es presentarse a su entrevista muy humilde y cuando hable ante los orgullosos mexicanos pedirles perdón. Porque el apetito de Estados Unidos por las drogas, la dependencia de millones de norteamericanos por los estupefacientes y la facilidad con la que las armas de pequeño y de gran calibre, incluidas las de guerra, entran por la frontera procedentes de las armerias de Arizona o Nuevo México han costado al vecino del sur 10.100 vidas en los dos últimos años.
El narcotráfico vive, crece y amenaza la estabilidad de México como nación, según los informes de los servicios de inteligencia norteamericanos, porque siempre hay alguien en Los Angeles, Chicago, Washington o Nueva York dispuesto a comprar las drogas. Según fuentes oficiales, los tres principales cárteles mexicanos, el de Sinaloa, el de Los Zetas y el de la Familia Michoacana, ingresan anualmente hasta 39.000 millones de dólares porque los compradores estadounidenses tienen el dinero, a pesar de la crisis económica, para mantener su dependencia a los estupefacientes.
Obama llega con un decreto debajo del brazo que firmó ayer que mete a estos grupos en la lista de "señores de las drogas" que hasta ahora tenía a los colombianos, las triads chinas, las bandas de Europa Oriental y las que operan en Afganistán y Asia como sus principales estrellas. El incluir a los Zetas y sus otros secuaces en este club privilegiado permite a la Administración lanzar contra ellos a los sabuesos del departamento de Justicia para incautar sus bienes financieros e inmobiliarios, detener a las firmas que les representan aquí, les lavan su dinero, incluidos los bancos, invierten sus dólares, les proporcionan armas y transportan su capital y sus drogas.
Y además acaba de nombrar a un antiguo fiscal, Alan Bersin, que ya ocupó el mismo puesto durante la Administración de Bill Clinton, para ser el zar antidroga en la frontera donde operan los correos, los camellos y los traficantes de armas. El 90% de las armas, unas 36.000, que el gobierno mexicano ha decomisado al narcotráfico desde el año 2006 proceden de las armerías de los estados fronterizos donde es tan fácil comprar un revólver como un fusil ametrallador y hasta una ametralladora que utilizan los Marines.
Y a pesar de este compromiso de luchar contra el tráfico de armas, Obama no firmará una ley que muchos en Estados Unidos le piden. La prohibición de que las armerías norteamericanas vendan armas de asalto, fusiles ametralladores, que la policía de este país denuncia que tienen como único objetivo matar a cuantas más personas mejor.
Y no, como aseguran los aficionados a las armas y los miembros de la Asociación Nacional del Rifle, para no fallar un sólo disparo cuando se caza a ciervos o se tira al blanco.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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