28 de Marzo de 2009 | Agustín Alcalá
Es demasiado arriesgado aventurar que la presidencia de Barack Obama estará marcada por el éxito o el fracaso de la guerra en Afganistán y en la frontera con Pakistán porque acaba de comenzar su mandato y en estos cuatro años puede suceder cualquier otro conflicto en el mundo en el que intervenga el Pentágono que defina su estancia en el Despacho Oval.
Pero sin duda que la victoria contra los talibán y lo que él denomina "el desmantelamiento, la destrucción y la derrota de Al Qaeda" se han convertido en asuntos prioritarios de su agenda exterior.
Pocos pueden dudar de la elocuencia de Obama y ha hecho gala de ella al presentar a los estadounidenses su nueva estrategia para Afganistán y Pakistán. Porque esta Administración ve a los dos países como un sólo problema. Los talibán y Al Qaeda que colaboran, se compenetran, trabajan juntos y que hay que derrotarlos al unísono. "La situación es cada vez más peligrosa y ya han pasado siete años desde que los talibán fueron derrocados, la guerra continúa y los insurgentes siguen controlando parte de Afganistán y Pakistán y los ataques contra nuestras tropas, las de la OTAN y el gobierno afgano han aumentado".
Este gobierno ve la situación en Afganistán de una forma completamente diferente a la forma en la que George Bush quiso transformar esta nación y crear una democracia en una tierra de señores de la guerra, muy independiente, ni conexión alguna con un gobierno central y en el que las etnias religiosas tienen objetivos muy distintos.
Obama se conforma con que las tropas afganas sepan autodefendierse y puedan luchar con el apoyo de los estadounidenses y de los aliados de la OTAN contra los talibán y Al Qaeda. Para eso enviará 4000 nuevos asesores militares, sin fecha de regreso, por ahora, para entrenar a las fuerzas militares locales, incrementará en un 50 por 100 del personal civil para ayudar a la reconstrucción de la infraestructura afgana, más dinero para organizaciones sociales y la lucha contra el narcotráfico y convocará a un grupo de estudio de países vecinos, incluido Irán, que tengan como objetivo controlar a los talibán y Al Qaeda.
Para derrotar a Osama Bin Laden y su organización ha vuelto a solicitar el apoyo de Pakistán a quien aquí se critica sin compasión porque dice públicamente que colabora en la lucha contra terrorista cuando en realidad muchos de los generales que controlan el Directorio de Interservicios de Inteligencia apoyan y en los últimos tiempos han asesorado y facilitado material militar a los talibán. A quienes ven como un mal menor y necesario para tener entretenidas a las fuerzas estadounidenses.
El éxito final dependerá de que las tropas de Washington, que para finales del verano llegarán a los 65.000 efectivos, no cometan errores ya sea desde tierra o el aire y no maten a víctimas inocentes. Porque la mejor forma de reclutar más simpatías y hombres para los talibán serán las imágenes de niños y mujeres muertas por las bombas estadounidenses.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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