19 de Marzo de 2009 | Agustín Alcalá
Los republicanos han encontrado un agujero en la línea de flotación de Barack Obama y piensan torpedear su gobierno, sus planes económicos, sus prometidas reformas y su mensaje de que "estamos en esto juntos" poniendo en duda la labor de su ministro de Economía.
Tim Geithner se tambalea sólo dos meses después de asumir su cargo como secretario del Tesoro y en Washington ya hay algunos que piden su dimisión y dicen que se encuentra en "terreno resbaladizo". Porque parece demasiado débil, modesto, carente de agallas, sin el peso necesario y el carácter para ser el hombre que lidere el equipo económico de la Casa Blanca en estos momentos de crisis de grandes dimensiones.
En este blog ya se le ha llamado "el secretario fantasma" porque cuando aparece en público está pero no está y porque no es capaz de dar la confianza que necesita una nación tan enferma. Y la recuperación de la recesión, los despidos, la falta de dinero para terminar el mes o mandar a los hijos a la universidad es tanto una cuestión de números como también un estado de ánimo.
Y el ministro de Economía norteamericano no es, en este momento, con su diminuta figura y su hablar tímido el mensajero de la esperanza que necesitan los trabajadores, los empresarios y los mercados bursátiles.
Tampoco puede ocultarse por más tiempo detrás de las espaldas del presidente que le defiende como si fuera su niño más débil. "No hay una persona en Washington que trabaje más que él en unas circunstancias tan complicadas y está actuando de una forma magnífica con las cartas que tiene sobre la mesa".
Washington es un gran coto de caza en el que hay demasiados cazadores que si ven debilidad en alguien se lanzan a la yugular. Y Geithner en vez de engrandecer su figura la disminuye.
La forma en la que manejó el asunto de los 165 millones de dólares que se repartieron los 419 empleados de AIG demuestra que quizás no es el hombre para este puesto. A pesar de que el estado es el dueño del 80 por 100 del capital social de la aseguradora y que le ha inyectado 170.000 millones de dólares en los últimos seis meses aceptó sin demasiados aspavientos, peleas y protestas las explicaciones de los abogados y del presidente de la compañía, Edward Liddy, de que era imposible romper los contratos en los que se incluían estos premios.
Geithner no ejerció de jefe y no defendió los intereses de los dueños de AIG: los contribuyentes. Y luego tuvo que aceptar un tirón de orejas público de Obama cuando el lunes, en medio del escándalo creciente por el reparto de los bonos, le ordenó que hiciera todo lo posible para recuperarlos... cuando llevaban ya días en las cuentas corrientes de los agraciados.
Lo que menos necesita este país en este momento es un ministro de Economía cobarde y asustadizo que se amedranta ante tantos retos, los inmensos deberes que tiene por delante y las muchas cimas que conquistar.
Porque entonces la política económica de Obama y de Estados Unidos y su mensaje de optimismo de que la recuperación es posible carecerán de credibilidad.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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