10 de Octubre de 2009 | ADN.es
León Panetta ha hecho un flaco favor a Barack Obama al no ordenar a sus espías que pincharan los teléfonos de los miembros del comité que desde Suecia ha puesto en la solapa del presidente el Nobel de la Paz sin hacer nada para merecerlo.
Porque la CIA tenía que haberse enterado y avisado antes de que se lo entregaran de que era uno de los nominados para que la diplomacia estadounidense, utilizando esos hilos que le han permitido meterse en guerras, evitar otras y ejercer su conocido imperialismo durante décadas, hubiera salvado al novato ocupante de la Casa Blanca del ridículo.
Nadie sabía aquí que era un nominado, quién le propuso y por eso la monumental sorpresa está cargada ahora de dudas, sospechas y muchas incógnitas.
Robert Gibbs, el portavoz presidencial, guarda silencio y no revela cuál fue la verdadera reacción de su jefe cuando le llamó para decirle que era la envidia del planeta. Pero seguramente no fue muy distinta de un: ¿qué he hecho yo para merecer esto?
El Nobel le llega en el peor momento. Ahora que es reconocido como un señor de la paz debe enviar a la guerra a miles de soldados estadounidenses destinados a Afganistán y se enfrenta a una oposición republicana que le da fuerte batalla en su principal asunto de política interna: la reforma sanitaria.
Para un hombre que cuando pasa delante de un espejo no puede evitar mirarse, el galardón es una lección de humildad y un aviso de que deberá esforzarse todavía más cada día.
Ahora las palabras bonitas de sus discursos ya se quedan cortas y el mundo necesitará hechos cada vez que se presente delante de un micrófono. Y también algo de pitorreo de algunos que cuando se dirijan a él ya no le llamen señor presidente sino señor Nobel de la Paz.
"Aceptaré este premio como un llamado a la acción para que todas las naciones se enfrenten a los desafíos del siglo XXI y a los que no puede responder un único líder o un solo país. Y por eso mi gobierno ha trabajado para crear una nueva era de compromiso en la que todas las naciones deben ser responsables por el mundo que buscamos".
Ahora le queda lo peor. Demostrar que es merecedor de este premio, ser capaz de responder a la expectativas y que los miembros del comité del Nobel no se han equivocado con él y con su agenda tan poblada de asuntos importantes como Irán, Corea del Norte, el cambio climático, la retirada de Irak, la proliferación nuclear, Guantánamo, el acercamiento a Cuba y Oriente Medio.
Obama tiene poco tiempo que perder para demostrar que no ha sido un regalo y sus enemigos y también algún amigo celoso en Washington no le dejarán ni que tenga éxito gratuito ni que se relaje.
Ahora que a Obama le dan un Nobel por no hacer nada le quedan pocos premios mayores que recibir. Aunque hay uno: el Príncipe de Asturias de la Concordia que se merecerá cuando realmente haga algo.
es un blog de ADN.es escrito por:
Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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