18 de Abril de 2009 | ADN.es
Barack Obama ha decidido dejar a los torturadores libres y ha dictado su particular "Ley de Punto Final" que impedirá que los que torturaron y los que dieron las órdenes para que lo hicieran terminen en la cárcel. La decisión del presidente de no poner a disposición judicial a los interrogadores de la CIA que desde el 2002 al 2005 torturaron a los sospechosos de ser los responsables intelectuales, operacionales y financieros de los atentados del 11 de septiembre es el punto final de uno de los episodios más bochornosos de la historia de Estados Unidos. Y deja sin castigo no sólo a los hombres que sometieron a las torturas a los sospechosos del compló contra las Torres Gemelas o el Pentágono. Sino a sus jefes, a los superiores de la CIA que no hicieron nada para oponerse a los mandatos que recibieron. Y también a aquellos funcionarios dentro del departamento de Justicia y en la Casa Blanca que montaron la defensa legal de que estos "métodos de interrogación mejorados" no violaban la Convención de Ginebra y eran legales. Y, al final, deja también en paz a Dick Cheney y a George Bush que los defendieron como necesarios para hacer cantar a los prisioneros y evitar nuevos atentados contra Estados Unidos. El presidente ha recibido el consejo del Fiscal General, de sus asesores la Oficina Legal de la Casa Blanca, de la jefatura de la CIA y también de sus consejeros políticos y ha determinado, después de meditar durante más de un mes, que es más importante la "santidad" de las operaciones que realizan los servicios secretos para proteger a la nación del terrorismo y el mantener la fe en los hombres que realizan estas tareas que el convertirse en un paladín del derecho y de la Justicia. Explicación esta que presenta David Axelrod, su consejero político, que parece haber puesto por delante los intereses políticos del presidente y evitar una tormenta en el Congreso que hubiera despertado las iras del Partido Republicano y de George Bush y sus secuaces que el dar la razón a un grupo de terroristas que reclaman fueron torturados y a los abogados radicales que les defienden. "Estos hombres estaban cumpliendo la ley (del momento)" es la explicación oficial. Que parece muy cercana a la que dieron los gobiernos de Argentina o Chile cuando revisaron los años negros de las dictaduras militares en ambas naciones. El presidente ha decidido aprobar su propia "Ley de Punto Final" y con ello ha enterrado su imagen de hombre justo protegiéndose en el interés nacional. En no poner en la picota o camino a la cárcel a aquellos que sabían que estaban rompiendo las leyes de las que Estados Unidos era participe porque alguien les había dado un escrito asegurando que el colocar a una persona boca abajo y llenarle la garganta de agua hasta casi ahogarle era un método legal de hacerle hablar. O el meter a un detenido durante días en una habitación helada, sin apenas poderse mover y estirar los músculos, era un tratamiento que estaba acorde con el respeto a la vida humana. Lo que permite concluir que los años que Obama pasó en Harvard estudiando Derecho y el respeto de las leyes...le sirvieron para bien poco.
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Agustín Alcalá
En 1982 empecé a trabajar como periodista ante las Naciones Unidas. No escribí una línea durante años porque terminé organizando ruedas de prensa, viajes de ministros y chupándome muchas reuniones de comités aburridos en la ONU. En 1992 fiché, cual futbolista orgulloso y de fácil regate, por Onda Cero. Las pasé muy mal el 11 de septiembre del 2001 en las calles cercanas a las Torres Gemelas y me dieron un premio Antena de Oro que no tengo puesto en el cuarto de baño. Cuando no estoy ante el ordenador me dedico a entrenar a mi hija pequeña en el fútbol-soccer.
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