21 de Diciembre de 2011 | Ángela Becerra
YOOO, gritaba la voz del superhéroe. Un hombrecito con un corazón en el pecho y una capa roja que surgía de la nada, dando batacazos, tras oír la famosa frase pidiendo auxilio. Era el Chapulín Colorado, el de: "¡No contaban con mi astucia!", que acudía en los momentos de máximo peligro a salvar a aquellos que se encontraban en una encrucijada. Esta serie de televisión mexicana, famosa en Latinoamérica en los años 70 y 80, representó de manera magistral las hazañas del antihéroe. No era ni Superman ni nada por el estilo; pero no teniendo poderes sobrenaturales, incluso siendo torpe y débil, lograba en cada episodio, con su determinación y una especie de destartalada suerte, rescatar del peligro al necesitado. Ahora, tras el desastre zapateresco, llega otro héroe salvador. Pero esto que estamos viviendo, para desgracia del país, no es ninguna serie de ficción; es la cruda realidad cotidiana. Tras las elecciones, al señor Rajoy se le ha quedado dibujada una sonrisa en los labios, que ya queda inmortalizada en los medios: estrechando la mano de Merkel en Marsella, en la entrada del Parlamento... en su investidura. ¿De qué se ríe, señor presidente? Vuelven nuevas promesas, llegan otras caras, proyectos aún por desvelar, ilusiones por desilusionar. Siguen los parados, flexionando sus piernas para que la inmovilidad no les paralice del todo... "A veces, cuando las nubes de la pesadumbre ocultan el cielo, parece que somos incapaces de ver otra cosa, incluso de imaginar que puedan desaparecer. Desaparecerán", sentenció Rajoy en el debate de investidura. ¡Que así sea! ¡Feliz Navidad!
14 de Diciembre de 2011 | Ángela Becerra
Estoy en la caja de un supermercado, haciendo cola para pagar tres tonterías, y delante una mujer de unos 40 años, de ceño fruncido y mirada amargada, de repente, sin ton ni son, agarra con fuerza de su cazadora tejana a un niño de no más de seis años y empieza a reprenderlo con franca alevosía. Se diría que es su madre, aunque más bien parece la bruja de Blancanieves en el momento de máxima crueldad. Lo zarandea energúmena mientras le enumera no sé cuántas amenazas, a cual más terrible, si no deja dos chocolatinas que acaba de coger para que ella se las compre. A mí, desde mi condición de simple observadora, me dan verdaderas ganas de coger a la susodicha y sacudirla, como mínimo el doble de veces, y enumerarle los castigos que tendrá si sigue maltratando a su amado vástago; de llamar a la policía para que se la lleve ante un juez y la condene o la encierren de una vez y para siempre en un manicomio.
07 de Diciembre de 2011 | Ángela Becerra
Llevas semanas y semanas, tal vez meses o años sin comprender una situación, la archivas, te das por vencida y, de repente, ocurre el milagro. Buscando entre viejos cachivaches -que continúas guardando por una especie de respeto a su existencia, de la que te sientes responsable aquel indolente desorden de objetos dormidos se despereza ante tus ojos y te regala la respuesta. En la caja han convivido durante años piezas inconexas. Como en una cárcel, aquellos fragmentos de vida se han visto obligados a cohabitar con sus respectivas historias a cuestas. Cada objeto habla su propio idioma o su propio silencio. Cartas de los que ya no están, servilletas garabateadas con un sueño que no tuvo tiempo de soñarse, fragmentos de un instante insomne. Una caja de cerillas con unas iniciales, el mechón de pelo que te cortaron por primera vez, un anillo de latón que tú imaginaste de oro, una foto de amor rota, la llave oxidada de una habitación a la que ya no entras, un reloj detenido en una hora, la cabeza maltrecha de tu primera muñeca, una medalla que habla de libertad y orden...
30 de Noviembre de 2011 | Ángela Becerra
Nuestra vida se mueve por y con el tiempo. ¿Cuántas veces hemos dicho que si tuviéramos tiempo haríamos esta u otra cosa? ¿Que aquello que tanto deseamos vivir, no lo hicimos porque no teníamos tiempo? El tiempo ha sido la gran disculpa a lo que no hicimos.
23 de Noviembre de 2011 | Ángela Becerra
No sé", es una afirmación que muchas veces cuesta de decir. Y tenemos que reconocer, aunque nos cueste y ello nos haga más humanos, que existen muchas cosas que desconocemos. Pero, en esto que se llama vida, lo de no saber está mal visto y descataloga. Por eso proliferan libros con títulos como: Trucos para parecer inteligente etc, etc... Porque en esta sociedad cada vez más líquida, muchas veces, el parecer vale más que el ser.
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Ángela Becerra
Ángela Becerra nació en Cali, Colombia. Reside en España desde 1988. Su novela “El penúltimo sueño”, publicada por Planeta y Premio Azorín 2005, ha vendido más de 500.000 ejemplares. Con su última novela, “Ella, que todo lo tuvo” obtuvo el Premio Planeta-Casa América 2009. “Lo que le falta al tiempo” (Planeta 2007), recibió por tercera vez el Latin Literary Award, galardón que también conquistó con “De los amores negados” (Planeta 2003). Es autora de los poemarios “Alma Abierta” y “Amor con A”. Su obra está siendo traducida a una veintena de idiomas. Es reconocida por la crítica como la creadora del “Idealismo Mágico”. Tiene un perfil en Facebook, abierto a todos sus lectores.
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