29 de Julio de 2010 | Albert Montagut
La libertad de voto socialista y convergente en la histórica decisión adoptada ayer en el Parlament de Cataluña y el temor del presidente Montilla de que esta decisión no llegaba en el mejor momento son dos indicios claros del fuerte componente político de esta votación. Los toros son una fiesta que la propia dinámica de los tiempos pondrá en su lugar en el resto del Estado, en Francia y en los países aficionados a la lidia. Para las personas más objetivas que han participado en el debate, los toros son un anacronismo del que los más jóvenes apenas participan, y una costumbre o un acontecimiento cultural que el simple paso del tiempo y los avances sociales terminarán por arrinconar.
Pero sería una equivocación no ver el evidente componente político que hay detrás de esta decisión o del tremendo error que significa involucrar la fiesta en el debate identitario. El hecho de que la Generalitat garantizara los correbous en el momento en que se iniciaba el debate para abolir el toreo es un simple ejemplo de que la polémica continuará abierta por un tiempo.
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Albert Montagut
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