23 de Julio de 2010 | Albert Montagut
Las empresas de bollería que se quejan de que el Gobierno prohíba la venta de sus productos en los centros escolares no tienen razón si planteamos que sus datos nutricionales pueden ser nocivos en metabolismos jóvenes si se utilizan de forma abusiva. Pero tienen razón si se plantea que los padres no deberían permitir que sus hijos se alimenten únicamente con bollería. Los niños, la mayor parte de ellos, no llegan al colegio con ese bocadillo que obliga a los padres a atenderles por la mañana y a perder unos minutos en preparar un desayuno equilibrado. La pereza de muchos padres, que piensan que el desayuno o la merienda de sus hijos ya están cubiertos con unas monedas y el recurso erróneo de la bollería, ha provocado un desajuste alimenticio grave. Ahora se castiga a estos productos, que nunca deberían ser alimentos básicos.
Albert Montagut
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La carta del lector
Nuestras queridas autoridades sanitarias han emprendido una lucha sin cuartel contra la bollería, las golosinas y demás placeres de la vida, que hacen más feliz la existencia de jóvenes y no tan jóvenes. Contrasta que mientras se da barra libre a otras cosas más dañinas, se califique como muy nocivo para la salud cosas como los refrescos de cola. Criminalizar el consumo de golosinas sólo es una voluntad más del Gobierno de amargarnos un poco más la vida.
David Javier
Barcelona
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