08 de Marzo de 2010 | Albert Montagut
España firmó a finales de la pasada semana un comunicado conjunto con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, explicando la disposición de ambos países a esclarecer los contactos de las organizaciones terroristas ETA y FARC. Es extraño que España se decida a firmar un acuerdo con Venezuela de forma oficial cuando las sospechas de que el Gobierno venezolano sabía de antemano la existencia de los contactos ETA-FARC parecen más que probadas. España no ha sabido qué papel jugar en Latinoamérica. Dos ejemplos recientes lo demuestran: la muerte de un disidente en Cuba, y el último episodio con Chávez. En las dos últimas semanas hemos visto, efectivamente, como nuestro Gobierno quedaba atrapado entre dos polémicas que han dejado al descubierto sus contradicciones, falta de visión, iniciativa y liderazgo en América del Sur y el Caribe.
Albert Montagut
amontagut@adn.es
La carta del director
Los nuevos acontecimientos de la esfera internacional están desvelando la auténtica posición de un Gobierno tibio, sin rumbo fijo, que no sabe ya ni a qué puerto llevar la nave. No se atreve a condenar la dictadura castrista, ni tampoco a rechistar a Chávez por la presunta vinculación con ETA. ¿Hasta cuándo este sinsentido? Para que luego se señale como defecto de la antigua democracia griega la condena de ostracismo en épocas de crisis y desventura.
Juan Lozano
Zamora
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