29 de Enero de 2010 | Albert Montagut
Arnaldo Otegi se ha negado por enésima vez a condenar a ETA. Tuvo, una vez más, la oportunidad de poner su grano de arena en la construcción de la paz, y no lo hizo. Por no condenar, no condenó ni el uso de la violencia. Otegi ha iniciado una huelga de hambre. Igual que muchos presos etarras, protesta ahora con su abstinencia por lo que considera un aumento de la represión en las cárceles. Otegi está en prisión desde el 16 de octubre, pero su expediente judicial ha acumulado varias causas y su encarcelamiento podría alargarse. Como líder abertzale que se considera, Otegi siempre ha jugado un papel relevante, pero ahora, sólo cuando se niega a condenar la violencia, consigue unos minutos de audiencia, para pasar de inmediato al anonimato que provoca estar entre rejas. Su permanente son- risa en la sala donde fue juzgado el miércoles volverá a desvanecerse cuando regrese a su celda.
Albert Montagut
amontagut@adn.es
La carta del lector
Al pasar Otegi por la Audiencia Nacional por haber participado en 2005 en un homenaje a un etarra, nos enteramos de que un acusado puede beber vino ante un tribunal. No sé si es para todos o sólo un beneficio de Otegi. La presidenta del tribunal, al pedirle la abogada de Otegi si éste podía beber agua - por su huelga de hambre-, contestó que por ella como si le quería dar vino. Con tanto juicio pendiente, y silencios, los fabricantes de vino van a salir ganando.
Antonio Nadal
Zaragoza
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