10 de Noviembre de 2009 | Albert Montagut
Pasqual Maragall dijo en cierta ocasión que Europa se sobrepuso al drama y la destrucción de la Segunda Guerra Mundial gracias a sus ciudades, porque aguantaron su derrumbe para resurgir de sus cenizas, para hacer florecer el continente. Berlín es una de esas ciudades. Quizá, al ser la que más sufrió antes, durante y después de la guerra, fue la que supo ver con mayor claridad que la caída del muro, que cerraba 60 años de pesadilla, era el momento histórico para la reconciliación y el trabajo. Berlín, convertida hoy en un polo magnético de riqueza, cultura y democracia, es un ejemplo para el mundo de lo que pueden ser capaces los europeos. La lectura que emana de la celebración de la caída del muro y la positiva experiencia de la reunificación debería servir de ejemplo para solucionar otros muchos problemas, quizá menores que el caso de Berlín.
Albert Montagut
(amontagut@adn.es)
La carta del lector
Ahora se cumplen 20 años de la caída del muro que se- paraba Berlín y, por extensión, dos sistemas económicos, políticos y sociales diferentes el uno del otro. Con la caída del muro, no sólo caía una pared, desaparecía todo un sistema alternativo al capitalista, el comunista. Ahora, ciertos sectores se preparan para celebrar los fastos de la recuperación de las libertades (de los ricos, claro). Haría falta que nos abriéramos a otras interpretaciones históricas...
Toniyus
Lleida
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