24 de Junio de 2009 | Albert Montagut
Sarkozy dice que el burka no tiene lugar en Francia. "Nadie puede censurar o condenar a otro, porque nadie conoce perfectamente al otro". Estas palabras de Thomas Browne, un escritor inglés del siglo XVII, muestran su tolerancia y buena voluntad hacia la humanidad, en una época en que se solía ser a menudo intolerante. Nadie puede obligar a nadie a ponerse un burka. Tampoco a quitárselo, si quiere llevarlo.
Josep Robert Reig
Barcelona
Hay que felicitar al presidente Nicolas Sarkozy por su sinceridad a la hora de abordar el uso, cada vez más extendido, del burka en las calles de Francia. Sus palabras fueron contundentes y no dejaron dudas sobre lo que piensa: "El burka no es religioso, es un problema de libertad y de dignidad de la mujer". Las libertades individuales en los países democráticos establecen los protocolos básicos para que cualquier persona tenga derecho a pensar, decir o profesar la religión que desee, pero hay una salvedad. Ese derecho no puede, bajo ningún concepto, allanar los derechos de otras personas. Ser musulmán en Europa es fácil, pero no da derecho a tapar el rostro de las mujeres, porque en nuestra cultura eso es, simplemente, ilegal. El planteamiento francés abre brecha al sentido común. Las libertades sólo están para su buen uso.
Albert Montagut
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