30 de Marzo de 2009 | Albert Montagut
Un oportuno gol de Piqué salvó literalmente de la quema a nuestra selección en su compromiso contra el aguerrido conjunto turco. Esta trabajada victoria, obtenida a base de sudar tinta china, supone la décima consecutiva y un paso de gigante cara al Mundial de Suráfrica. Seguro que, viendo bregar a nuestros campeones, a más de uno le cambiaría su mala cara, acuciado por las deudas y despidos. Bienvenido sea cualquier mínimo resquicio de esperanza.
Miguel Sánchez
Zaragoza
Este país no tiene arreglo. Y si no, miremos lo que está ocurriendo con la selección de fútbol, la roja. Durante décadas, el equipo español no ganó jamás ninguna competición importante. La frustración alcanzó tal nivel que los jugadores llegaban a los Europeos y a los Mundiales derrotados de antemano. El éxito en otras disciplinas -baloncesto, balonmano, tenis, motociclismo, fórmula 1, golf- evidenciaba que el deporte español estaba en la cúspide, tanto a nivel colectivo como individual, menos en fútbol. Finalmente, España ganó la Eurocopa, el pasado verano, y desde entonces los resultados de la selección no han dejado de ser positivos. Ahora, que sabemos que no somos inferiores a nadie, queremos ser el equipo con más victorias seguidas y ganar todos los Mundiales. Ni una cosa, ni otra. España ha de moderar sus ilusiones y... sus frustraciones. Ni tan buenos, ni tan malos. Busquemos el equilibrio.
Albert Montagut
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