27 de Febrero de 2009 | Albert Montagut
Emilio Gutiérrez no es "el héroe de Guipúzcoa", ni "el justiciero de Lazkao". Es sólo un vasco más, harto de la violencia de los proetarras, que persiguen a quienes no piensan como ellos. Ni su violencia ni su blasfemia al ser apresado son justificables. Se comprende su reacción por la tensión ambiental y el daño a su casa. No habrá paz ni libertad en el País Vasco si no se cambia el terror por las urnas. En manos de los vascos está el lograrlo el domingo.
Miguel Rivilla
Alcorcón (Madrid)
Resulta difícil apoyar a una persona que se toma la justicia por su mano, aunque sea un caso... digámosle... justificable. No se trata de defender aquí y ahora a Emilio Gutiérrez por los destrozos que hizo en una herriko taberna. Ya hay miles de personas que le han apoyado y unos pocos que le han censurado. El caso de este joven pone sobre la mesa el debate de qué pasaría si otros muchos vascos, hartos de la violencia etarra, hicieran lo mismo. Lleguemos o no a esa situación, es evidente que Euskadi vive en unas circunstancias excepcionalmente negativas al tratarse de una autonomía de un país integrado en la Unión Europea. El domingo hay elecciones en Euskadi. Uno de los partidos en liza, el Partido Nacionalista Vasco, lleva en el Gobierno unos 30 años. Es criticable el clima de deterioro social vasco y alguien debería responsabilizarse.
Albert Montagut
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