30 de Septiembre de 2010 | Albert Montagut
La huelga general se notó, pero la máquina del país no se detuvo. Gastamos más energía eléctrica que en otros paros y, si no fuera porque los medios recalcaron la acción de los piquetes con más insistencia que las escenas de normalidad absoluta, podríamos decir que la huelga, tal y como se preveía, no fue general y que por lo tanto la protesta sindical fracasó. Quedó claro, eso sí, el descontento sindical con la reforma laboral, pero el caso omiso de millones de trabajadores a la llamada deja al Gobierno las manos libres para continuar con sus planes. La huelga es un capítulo más del desequilibrio que sufre España. El Gobierno cometería un error si no viera en la protesta de ayer un grito de la ciudadanía. Quienes organizaron la huelga quizá calcularon mal, pero quienes se quejan del Gobierno y de la falta de liderazgo y perspectivas tienen razón.
29 de Septiembre de 2010 | Albert Montagut
Una huelga general es una prueba de fuego para cualquier país. En España, en democracia, sólo hemos tenido cinco, lo que nos da una idea de su excepcionalidad. Una huelga es un mal síntoma. Significa que hay muchas cosas que no funcionan. La huelga, que es un derecho, debe perseguir un objetivo. Por eso, algunas huelgas son necesarias. Ésta intenta evitar una reforma laboral recomendada por los organismos económicos que rigen la balanza financiera del mundo. Es, además, una protesta poco compartida por la ciudadanía e incluso los propios sindicatos han declarado que entienden que es inoportuna. Por esta razón, los sindicatos y los huelguistas deben respetar el derecho al trabajo y los servicios mínimos. Es el momento de demostrar que entendemos el concepto de huelga y respetamos la legalidad que la soporta y la garantiza.
28 de Septiembre de 2010 | Albert Montagut
La huelga general a la que este país se enfrenta mañana plantea una incógnita. ¿Y pasado mañana, qué? Esta huelga se gestó en contra de la reforma laboral propuesta por el Gobierno para frenar la crisis, pero no ha generado la unanimidad que deseaban los dos grandes sindicatos. Se da la paradoja, además, de que la mayoría de los ciudadanos que está descontenta con el Gobierno y que considera que Zapatero se merece un golpe no piensa que esta huelga general sea útil para algo. Lo único cierto es que el paro de mañana alentará el pesimismo que se respira en este país. Las huelgas deben servir para algo y es dudoso que esta protesta provoque nuevas políticas económicas, porque el Gobierno ha demostrado que no las tiene. Que haya huelga, pues, y que termine lo antes posible. Hay mucho por hacer. El problema es ¿quién lo va a hacer?
27 de Septiembre de 2010 | Albert Montagut
España está de los nervios. Miles de parados, aumentos impositivos a la vista, polémica independentista en Cataluña, procesos de paz propiciados por los etarras, toros embolados prohibidos en Extremadura, correbous blindados en Cataluña, macrojuicios por corrupción, jóvenes universitarios sin perspectivas de empleo, familias con serios problemas para tirar adelante, huelga general en dos días... A este país no le hace falta sólo un líder que ponga orden en este desbarajuste. Este país se tiene que reinventar. Hemos de empezar de nuevo, casi desde cero. España va muy mal y los partidos políticos no dan señales de tener las ideas muy claras sobre lo que hay que hacer. Lo peor, si se analiza la situación con cierta perspectiva, es que primero habrá que encontrar a alguien que genere confianza, y segundo, habrá que esperar un montón de años para que la situación se recomponga. Un lío.
24 de Septiembre de 2010 | Albert Montagut
El liderazgo de un país fuerte de la Unión Europea no sólo concierne a los habitantes de ese país. El liderazgo sobrepasa fronteras, y un buen uso de él puede convertir al político en una referencia en ese continente. La caída en picado de la popularidad de Silvio Berlusconi y de Nicolas Sarkozy en sus propios países demuestra que las críticas que ambos han cosechado en el resto de Europa durante los dos últimos años estaban justificadas. Hace tiempo que Berlusconi ha renunciado a cualquier tipo de liderazgo político o moral, pero ése no es el caso de Sarkozy, quien en su primer discurso al llegar al Elíseo se centró en la necesidad de Francia de recuperar su lugar en el mundo. Sus últimas decisiones pueden estar en la línea de una parte de la población francesa, que no en su totalidad, pero le apartan del papel de líder que muchos europeos vieron en él.
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Albert Montagut
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