11 de Mayo de 2009 | Cristina Castillón
"Hay gente que ha nacido para llevar una buena vida / Y otros lo consiguen como sea / Bien, yo perdí mi dinero y perdí mi mujer / Y esas cosas no parecen importarme mucho ahora / Esta noche estaré sobre esa colina porque no puedo parar / Estaré sobre esa colina con todo lo que soy / Vivo allí donde los sueños se encuentran y se pierden / Estaré allí puntualmente y pagaré el precio / Por desear cosas que sólo se pueden encontrar / En la oscuridad en las afueras de la ciudad / En la oscuridad en las afueras de la ciudad". Darkness on the edge of town
Epopeyas de jóvenes desheredados que buscan la redención bajo el capó de un Cadillac, de amores furtivos que huyen de las malas tierras a toda velocidad hacia la nada, hacia el abismo, con el viento enmarañando sus cabellos. Imágenes de tierras prometidas en el horizonte y calles de fuego ardiendo bajo los pies. Fábricas que condenan y aniquilan, coches que dan alas a los sueños y porches donde bailar al ritmo de Roy Orbison y sentarse a leer Al este del Edén, de John Steinbeck.
No hay discos más narrativos que los de Bruce Springsteen. Como Bob Dylan, Lou Reed, Johnny Cash o Van Morrison, se les queda pequeña la etiqueta de cantautor. Son storytellers, contadores de historias, cronistas de vecindarios, que resultan ser el suyo y el nuestro.
El escritor y periodista de El Mundo Julio Valdeón Blanco recupera toda esta mitología (americana) para recrear 1978, el año en que un veinteañero Bruce, recién convertido en el Chico de Moda de Nueva York gracias al hitBorn to run, creaba uno de sus mejores álbumes, el Darkness. En American Madness (Caelus Books), el corresponsal en Nueva York y por encima de todo fan, desgrana la concepción, el nacimiento y los primeros berridos de Darkness on the edge of town, el cuarto álbum de estudio de El Boss, después de los legendarios Greetings from Asbury Park (1973), The Wild, the Innocent and the E Street Shuffle (1973) y Born to run (1975). Se unirían The River (1980) y Nebraska (1982), que encumbrarían al Gran Artista Americano que Springsteen quería ser desde que una noche de 1969 vio contonear las caderas al Rey.
En el vídeo, una pequeña muestra de lo que fue capaz de hacer en el Capitol Theater, en Passaic (Nueva Jersey), con 29 añitos...
Un road-libro
Valdeón Blanco hace un viaje, junto al lector, al Freehold, en Nueva Jersey, que vio rebelarse a un adolescente tímido e introspectivo que siempre llevaba una guitarra agarrada como si le fuera la vida. Hace parada en el Asbury Park, el de los conflictos raciales de principios de los setenta, las manifestaciones contra la guerra de Vietnam o la lucha por los derechos civiles, que acogió a un joven guitarrista con ganas de comerse el mundo. Y en el Nueva York que verá crecer al músico que se erigiría como voz y símbolo de la clase obrera estadounidense y que mutaría con los años un predicador del siglo XXI.
Un centenar de imágenes, algunas inéditas, anécdotas y secretos desvelados, construyen una crónica impagable sobre El Jefe y los suyos y sobre su disco más violento, sucio y lleno de rugidos. Hay entrevistas, sí, pero que nadie espera al mismísimo artista, los protagonistas son los secundarios de esta historia, los que recuerdan los detalles, los que toman perspectiva, los que aman su trabajo. Aparecen el crítico Dave Marsh, el productor Jon Landau o el fotógrafo Frank Stefanko, que una noche inmortalizó a un taciturno Springsteen en la azotea donde tenía su estudio y que ilustra el Darkness.
Como dice Valdeón Blanco, en su mirada había el grito de un adolescente ignorado, de un joven vilipendiado, de un artista naíf y visceral, de un guitarrista pasional y desbocado. "Somos la E Street Band, tío. Reclamamos a gritos la inocencia del viejo rock, la herencia pop, los bailes descotados, los fritos de la congregación soul, el alma de los fantasmas que nos precedieron", escribe el periodista metiéndose en la cabeza de aquellos jóvenes que querían revolucionar el rock.
American Madness (Caelus Books) se publica el próximo 18 de mayo.
"Líbrate de los sueños que te desgarran / Líbrate de los sueños que te rompen el corazón / Líbrate de las mentiras que no te dejan más que pérdida y desesperación / Los perros aúllan en la calle principal porque saben / Que si tuviera un momento en mis manos / Señor, no soy un niño, no, soy un hombre / Y creo en una tierra prometida". The Promise Land
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Cristina Castillón
Cristina Castillón (Barcelona, 1982) es redactora de Cultura. Desde hace dos años se encarga de la sección de Libros. En A pie de página repasa el panorama literario nacional e internacional rescatando de las estanterías los superventas del año y los pequeños olvidados.
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